Regresaba de su trabajo, con prisa, con su mochila azul de la vida, a punto de reventar.
Aquel día, la arrastraba por el suelo ansiosa de llegar a su casa y esconderla en el armario. Frente a una papelera detuvo su caminar y creyó que sería bueno tirar allí un puñado de vivencias. Elegiría las que más pesaban, las que le hicieron daño, las que quería olvidar. Se quedaría sólo con lo mejor, lo que le hizo reír o llorar de alegría y lo que le hacía sentirse bien. Sólo con esas deseaba seguir viviendo.
Empezó a sacarlas una a una, depositándolas en hilera antes de desprenderse de ellas, pero la voz de una mirada que la observaba a su espalda, le dijo muy bajito: Si las tiras aquí, tirarás también todo lo que con ellas aprendiste, y quizá, dentro de unos meses, necesites un contenedor aún más grande para todas ellas.
Escrita por Laura Garrido Barrera, de Vitoria
miércoles, 27 de julio de 2011
jueves, 21 de julio de 2011
DÍA DE COMPRAS
Entró a la tienda una joven pareja, pobremente vestida;
pero muy limpia.
Deseo ver –dijo la muchacha- un vestido de novia
completo, con cofia y velo.
La vendedora le enseñó un traje primoroso y la hizo
entrar a un cuarto probador.
Minutos después, se presentó como una radiante aparición, toda de blanco, con guirnaldas de azahares en las sienes y la nívea cascada del velo sobre los hombros. Avanzó con lento paso y se detuvo frente a su compañero. Él la contempló extasiado.
¿Quiere usted que te envuelva el vestido?- preguntó solícita la vendedora.
No -contestó ella tímidamente- No tenemos con qué comprarlo. Hemos venido solo para que mi esposo me viera vestida como debía haberlo estado y como yo lo deseaba… Hace una hora nos casamos. Gracias, muchas gracias.
Adiós.
Escrita por Ana Luisa Díaz González, de Villaclara, CUBA
pero muy limpia.
Deseo ver –dijo la muchacha- un vestido de novia
completo, con cofia y velo.
La vendedora le enseñó un traje primoroso y la hizo
entrar a un cuarto probador.
Minutos después, se presentó como una radiante aparición, toda de blanco, con guirnaldas de azahares en las sienes y la nívea cascada del velo sobre los hombros. Avanzó con lento paso y se detuvo frente a su compañero. Él la contempló extasiado.
¿Quiere usted que te envuelva el vestido?- preguntó solícita la vendedora.
No -contestó ella tímidamente- No tenemos con qué comprarlo. Hemos venido solo para que mi esposo me viera vestida como debía haberlo estado y como yo lo deseaba… Hace una hora nos casamos. Gracias, muchas gracias.
Adiós.
Escrita por Ana Luisa Díaz González, de Villaclara, CUBA
martes, 19 de julio de 2011
LEER
Recuerdo a mi padre siempre leyendo. Su sillón junto a la ventana por la que entraba el sol. Una estufa de leña y una pequeña estantería cargada de libros.
Yo me sentaba en una silla baja junto a su sillón y le decía: “léeme algo” y él contestaba: “esto no lo vas a entender, es sobre una guerra”, pero me lo leía.
El paso del tiempo no ha mermado mi capacidad de lectura. Hoy sigo leyendo; estoy sentada frente a una ventana por la que entra el sol, frente a mí hay un radiador, la biblioteca de mi estudio guarda los tesoros que durante estos cincuenta años he acumulado.
Mi padre se halla postrado en un sillón, yo sentada en una silla baja, con una mano retengo la suya mientras leo una novela, él me dice; “léeme algo”, y yo le respondo: “esto no lo vas a entender. Trata sobre una guerra virtual.” Me contesta que no importa, lo que quiere es oírme.
Escrita por María Teresa Durá Juan, de Onil, Alicante
Yo me sentaba en una silla baja junto a su sillón y le decía: “léeme algo” y él contestaba: “esto no lo vas a entender, es sobre una guerra”, pero me lo leía.
El paso del tiempo no ha mermado mi capacidad de lectura. Hoy sigo leyendo; estoy sentada frente a una ventana por la que entra el sol, frente a mí hay un radiador, la biblioteca de mi estudio guarda los tesoros que durante estos cincuenta años he acumulado.
Mi padre se halla postrado en un sillón, yo sentada en una silla baja, con una mano retengo la suya mientras leo una novela, él me dice; “léeme algo”, y yo le respondo: “esto no lo vas a entender. Trata sobre una guerra virtual.” Me contesta que no importa, lo que quiere es oírme.
Escrita por María Teresa Durá Juan, de Onil, Alicante
viernes, 15 de julio de 2011
También la sombra se viste de colores
Madre
Hoy es un día azul.
Ahora te preguntarás qué puedo yo saber de azules
si mis ojos inútiles
nunca sintieron otro color que el de las sombras.
Ven a pintar el mundo
me decías de niño
vayámonos juntos a buscar los colores.
En el sol sobre la piel me enseñaste a hallar el rojo:
azul era el agua que huía de mis manos
mientras sonaba atrapar al aguacero.
Descalzos por la hierba buscábamos al verde.
Respíralo, decías.
El blanco fue más fácil de encontrar:
estaba en el silencio interior
en la música leve.
El blanco era tu brazo.
Madre
Soy feliz.
Hoy me besó en los labios la primera muchacha.
Se vistieron los rojos en mis venas
de amarillos y azules
lo blanco se adueñó de mi espíritu
y el mundo fue por una vez más verde que tus ojos.
Un beso con sabor a todos los colores
un solo beso
madre
me ha enseñado por fin lo que es el arco iris.
no llores.
no llores.
Escrita por Irelia Pérez Morales, de Cienfuegos, Cuba
Hoy es un día azul.
Ahora te preguntarás qué puedo yo saber de azules
si mis ojos inútiles
nunca sintieron otro color que el de las sombras.
Ven a pintar el mundo
me decías de niño
vayámonos juntos a buscar los colores.
En el sol sobre la piel me enseñaste a hallar el rojo:
azul era el agua que huía de mis manos
mientras sonaba atrapar al aguacero.
Descalzos por la hierba buscábamos al verde.
Respíralo, decías.
El blanco fue más fácil de encontrar:
estaba en el silencio interior
en la música leve.
El blanco era tu brazo.
Madre
Soy feliz.
Hoy me besó en los labios la primera muchacha.
Se vistieron los rojos en mis venas
de amarillos y azules
lo blanco se adueñó de mi espíritu
y el mundo fue por una vez más verde que tus ojos.
Un beso con sabor a todos los colores
un solo beso
madre
me ha enseñado por fin lo que es el arco iris.
no llores.
no llores.
Escrita por Irelia Pérez Morales, de Cienfuegos, Cuba
jueves, 14 de julio de 2011
Autorretrato
En toda mi vida yo no alcancé para nada, fui tan sólo y
siempre promesa de mí mismo. Así, cuando decía “yo”, lo
decía en futuro. Lo poco que tomaba en un presente era
inacabable y eterno, pero no era.
Así el amor, las flores, los puentes…
Creí que me detenía en las cosas frágiles y pequeñas, y era
que éstas morían conmigo… Eso fue vivir: morir de cosas así.
Todo aquello que no he sido y que ha sido lo mejor de mí…
Sólo somos nuestra versión de lo otro.
Se da la vida poco a poco, por cosas que no valen mucho,
pero que al final siempre valdrán una vida.
No hay nada como ser otros. Tan felices, tan ajenos.
Sólo el infierno prueba la existencia del alma.
Hay errores que se pagan con la vida. Nacer, por ejemplo.
Escrita por Marco Aurelio Ángel-Lara, de México
siempre promesa de mí mismo. Así, cuando decía “yo”, lo
decía en futuro. Lo poco que tomaba en un presente era
inacabable y eterno, pero no era.
Así el amor, las flores, los puentes…
Creí que me detenía en las cosas frágiles y pequeñas, y era
que éstas morían conmigo… Eso fue vivir: morir de cosas así.
Todo aquello que no he sido y que ha sido lo mejor de mí…
Sólo somos nuestra versión de lo otro.
Se da la vida poco a poco, por cosas que no valen mucho,
pero que al final siempre valdrán una vida.
No hay nada como ser otros. Tan felices, tan ajenos.
Sólo el infierno prueba la existencia del alma.
Hay errores que se pagan con la vida. Nacer, por ejemplo.
Escrita por Marco Aurelio Ángel-Lara, de México
martes, 12 de julio de 2011
ESTÁN AHÍ
Están ahí,
abriéndome un paraje regado de nostalgia.
Llegan impuntuales
a jugar con las tercas agujas del reloj.
Vienen a guarecerse de los dolores viejos
buscando entre las uñas
algún amanecer, alguna ausencia.
Se posan en los libros que caen de los estantes,
y como trapecistas,
se cuelgan de las lámparas,
simulando destellos con sus ojos vacíos,
con sus labios de rojo transparente.
Algunos me responden
con un gesto mordaz cuando pretendo
endulzarles la boca, y de puntillas
recorren los pasillos
sin otra melodía que el eco de sus pasos.
Otros dejan
al filo de mis botas una lágrima,
pero todos cumplen la penosa tarea,
cada noche, de hurgar en el arcón
de mis debilidades.
Escrita por José Pozo Madrid, de Tomelloso, Ciudad Real
abriéndome un paraje regado de nostalgia.
Llegan impuntuales
a jugar con las tercas agujas del reloj.
Vienen a guarecerse de los dolores viejos
buscando entre las uñas
algún amanecer, alguna ausencia.
Se posan en los libros que caen de los estantes,
y como trapecistas,
se cuelgan de las lámparas,
simulando destellos con sus ojos vacíos,
con sus labios de rojo transparente.
Algunos me responden
con un gesto mordaz cuando pretendo
endulzarles la boca, y de puntillas
recorren los pasillos
sin otra melodía que el eco de sus pasos.
Otros dejan
al filo de mis botas una lágrima,
pero todos cumplen la penosa tarea,
cada noche, de hurgar en el arcón
de mis debilidades.
Escrita por José Pozo Madrid, de Tomelloso, Ciudad Real
miércoles, 6 de julio de 2011
MI AMIGO SE HA EQUIVOCADO
Mi amigo se ha equivocado:
ese hombre que está dentro del féretro
no es mi padre.
Esos ojos sin mirada,
los brazos inmóviles,
el vientre seco,
los pies cansados
y ese rictus amargo de los labios
son de un hombre que no conozco.
Mi padre tiene la mirada de un niño,
y sus ojos van tras una mariposa,
sobre el plateado de un pez volador,
se detienen en el cuerpo de una mujer
y observan feliz el infinito.
Los brazos de mi padre sostienen el atlas del universo
y soportan toda la alegría de un orgasmo.
¡Ah sus pies! Volaban sobre las aguas,
flotaban sobre el terreno
y levantaban el público en un grito unánime
cuando llegaban triunfadores a la meta de los
campeones.
¿Y su boca? Se abría cada amanecer:
Ve con Dios, hijo, que Él te bendiga,
y dejaba caer un beso húmedo
sobre la palabra de Jesús.
Mi amigo se ha equivocado:
ese hombre que está dentro del féretro
no es mi padre.
Escrita por Amador Hernández Hernández, de Villa Clara, CUBA
ese hombre que está dentro del féretro
no es mi padre.
Esos ojos sin mirada,
los brazos inmóviles,
el vientre seco,
los pies cansados
y ese rictus amargo de los labios
son de un hombre que no conozco.
Mi padre tiene la mirada de un niño,
y sus ojos van tras una mariposa,
sobre el plateado de un pez volador,
se detienen en el cuerpo de una mujer
y observan feliz el infinito.
Los brazos de mi padre sostienen el atlas del universo
y soportan toda la alegría de un orgasmo.
¡Ah sus pies! Volaban sobre las aguas,
flotaban sobre el terreno
y levantaban el público en un grito unánime
cuando llegaban triunfadores a la meta de los
campeones.
¿Y su boca? Se abría cada amanecer:
Ve con Dios, hijo, que Él te bendiga,
y dejaba caer un beso húmedo
sobre la palabra de Jesús.
Mi amigo se ha equivocado:
ese hombre que está dentro del féretro
no es mi padre.
Escrita por Amador Hernández Hernández, de Villa Clara, CUBA
lunes, 4 de julio de 2011
ERA ELLA...
Era ella mujer dormidina,
vermú, aspirina y marihuana,
citalopram, hierbabuena y valeriana,
vino, hash y café.
Era ella mujer tranquimazín,
coca, ponche y chocolate,
tabaco, ibuprofeno y mate,
jaque, ron y pariet.
Era ella mujer orfidal,
blues, jazz y flamenco,
popper, viagra e incienso,
lociones y cremitas para el acné.
Era ella mujer prozac,
orujo, vainilla y cerveza,
idalprem, dolor de cabeza,
almax, paracetamol y miel.
Era ella mujer echinacea,
omeprozol, vaselina y yantares,
condumios, pitanzas y bares,
tequila, tisana y té.
Era ella mujer buena y mala,
flujo, sudor y pelos,
saliva, excremento y celos,
canela y piel, piel, piel.
Vivencia escrita por Alberto González Martín, de Cuenca.
vermú, aspirina y marihuana,
citalopram, hierbabuena y valeriana,
vino, hash y café.
Era ella mujer tranquimazín,
coca, ponche y chocolate,
tabaco, ibuprofeno y mate,
jaque, ron y pariet.
Era ella mujer orfidal,
blues, jazz y flamenco,
popper, viagra e incienso,
lociones y cremitas para el acné.
Era ella mujer prozac,
orujo, vainilla y cerveza,
idalprem, dolor de cabeza,
almax, paracetamol y miel.
Era ella mujer echinacea,
omeprozol, vaselina y yantares,
condumios, pitanzas y bares,
tequila, tisana y té.
Era ella mujer buena y mala,
flujo, sudor y pelos,
saliva, excremento y celos,
canela y piel, piel, piel.
Vivencia escrita por Alberto González Martín, de Cuenca.
viernes, 1 de julio de 2011
MÁS SEMIFINALISTAS. "TRANSFORMACIÓN DOS"
TRANSFORMACIÓN DOS
Este es un viejo castillo, construido hace más de mil años.
Vine aquí.
Yo fui una de las piedras que formaron sus murallas.
Luegofui hiedra
y escalé sus muros y después una paloma
que traía mensajes de amor hasta una de sus ventanas.
También fui la lluvia, y el viento que soplaba desde el este.
Y luego fui un hombre que en las tardes
venía a vender sus vegetales.
Los siglos pasaron, y ahora,
mientras la tinta se seca en mi pergamino,
por fin me reconozco, soy el alma de un poeta
que escribe sobre aquel viejo castillo.
Escrita por Eugenio Pacelli Torres Valderrama, de Colombia
Este es un viejo castillo, construido hace más de mil años.
Vine aquí.
Yo fui una de las piedras que formaron sus murallas.
Luegofui hiedra
y escalé sus muros y después una paloma
que traía mensajes de amor hasta una de sus ventanas.
También fui la lluvia, y el viento que soplaba desde el este.
Y luego fui un hombre que en las tardes
venía a vender sus vegetales.
Los siglos pasaron, y ahora,
mientras la tinta se seca en mi pergamino,
por fin me reconozco, soy el alma de un poeta
que escribe sobre aquel viejo castillo.
Escrita por Eugenio Pacelli Torres Valderrama, de Colombia
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