ALMA MATER
preñados de piñas y cacaos,
el canto de una sirena dorada
llamaba a franciscanos, dominicos y jesuitas.
Hombres de letras, hombres de hombres,
sueños de hombres surcaban las aguas,
cargando en el alma la promesa de otras almas
convertidas al Cristo.
el idioma propio en tierras ajenas;
con aprender y descubrir las flores del helecho,
la sombra del jaguar;
proteger a los hijos de los hermanos aventureros,
aprovechando el eco que aún resonaba desde Trento.
brotaron escuelas para indígenas,
la ilusión In apostolatus culmine
orgullo de los Alfonsos, joya de la corona.
Creyeron los dominicos el sabio proverbio:
Omnium scientiarum princeps Salamantica docet.
el Evangelio y las artes, la gramática y la botánica,
el orden y la ciencia. Los nombres de los hombres,
por las laderas de los Andes, por los lagos del azteca.
Lima y México fueron iluminadas por los jesuitas.
Santa Fe de Bogotá recibió el resplandor de los tomistas.
Ya el mundo se hacía enorme, y los saberes breves:
Quod natura non dat, Helmantica non praestat.
la empresa exigía memoria,
la doctrina demandaba nuevas formas.
Las universidades eran platea, foso y auditorio
en el teatro de la naturaleza:
la naturaleza del mundo siempre ancho
y ahora propio,
de los hombres siempre breves
y ahora ajenos.
Nacido en Bogotá (Colombia)
Literato con maestría en Historia
Su área de trabajo es la construcción de identidades a través de la literatura
(XV Antología)
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