LA MADRE GENEROSA
Eso
no lo aprenderíamos hasta mucho después: la tierra da frutos, y los hombres dan
sabiduría para entender la tierra y los cielos, para entendernos a nosotros
mismos. Una, la tierra, se ara con las manos y ofrece el alimento corporal; los
otros, los maestros, se sustentan en la palabra de maestros antiguos y nutren el
espíritu. Esto, como os digo, lo aprendimos cuando abrió aquí la primera universidad,
a imagen y semejanza de las de España, que, en un acto de generosidad,
compartía con nosotros su bien más preciado: el conocimiento, los números y los
descubrimientos que estaban ya en los libros, los misterios del mundo. Y
vinieron los hombres nuevos y sembraron estas tierras de escuelas. La madre patria
demostraba así que quería a todos los hijos por igual, que nos brindaba las
mismas oportunidades a todos, porque esto era hacer España. Y así fue que
empezamos a estudiar, a escuchar a esos hombres sabios que venían del viejo
continente y que nos hablaban de las estrellas, del pasado, de los muchos
mundos que estaban lejos de las Indias. Y celebramos con una gran fiesta cada
nuevo doctorado, cada nueva mente dedicada al estudio. Y a medida que nos
íbamos acostumbrando a la universidad, que veíamos al alumnado entrar y salir,
devorar los libros y encontrar respuestas, aprendimos que solo la sabiduría nos
hace libres, que hay una única forma de democracia: la enseñanza.
Daniel B. P.
(XV Antología)
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