«… No tengas miedo de
volar, amiga mía; no temas a la distancia, pues en otros momentos de la
historia, la lejanía perdió su sentido gracias a los puentes que las palabras
alzaron sobre el mar, un mar que hoy me conduce a una expedición de navegantes
que, en 1492, pusieron rumbo a lo desconocido, permitiendo que las ideas de
Erasmo y de Nebrija surcaran las olas…» (pág. 34, Sonia María Saavedra de Santiago,
«Vuela»).
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