jueves, 24 de marzo de 2022

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Terminado el vejamen. Don Félix Mendoza pidió el grado en un breve discurso en latín. El maestrescuela le respondió, elogió sus cualidades, le dio el ósculo de paz y le entregó las insignias doctorales. Después el decano tomó de la mano al nuevo doctor y lo invitó a subir a la cátedra, símbolo del magisterio. Descendió y de rodillas hizo la profesión de fe. Recibió privilegios, inmunidades y exenciones. Y el ceremonial concluyó con la felicitación del virrey, el reparto de propinas y una comida suntuosa en casa del nuevo doctor…» (pág. 38, Antonio Ros, «Doctorado en Lima, 1580»).


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