martes, 8 de marzo de 2022

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… La embajada fue quemada con fuego de sangre y despotismo. Era el 31 de enero de 1980. Calcinaron allí a treinta y siete y no les bastó. Entonces fueron a buscarlo a Gregorio al hospital, por milagro había quedado vivo. Y terminaron su tarea con un tiro en la línea del sombrero de palma. Como mensaje indeleble hacia los universitarios comprometidos, lanzaron luego el cuerpo en la Universidad de San Carlos. Darle sepultura allí mismo, mientras asesinaban a otros jóvenes en el velatorio de los masacrados, fue el acto más valiente y humano del que participé…» (pág. 26, Cintia M., «La tumba»).


No hay comentarios:

Publicar un comentario