AL-ÁNDALUS,
HISPANIA, SEPHARAD Y ESPAÑA
En el basamento de mampostería que
sirve de soporte a la urna donde reposan sus restos se encuentran colocados
cuatro epitafios compuestos en árabe, latín, hebreo y castellano.
Respectivamente se dice que conquistó al-Ándalus, Hispania, Sepharad y España.
La referencia es la misma, pero varía el sentido de las visiones aunque todas
ellas convergen en el rey zamorano. También hay diferencias en la fecha de su
muerte que se indica en el epitafio: el año 650, el año 5012, el año 1252 y el
año 1290. Y es que en un mismo territorio convivían tres religiones y cuatro
calendarios: el musulmán, el judío, la era propiamente cristiana y el
calendario hispánico que se manejaba en Castilla recordando la organización
romana de Hispania bajo la autoridad de Octavio, que llegaría a ser el futuro
emperador Augusto. Si Roma tuvo en el ahijado de César su principal
constructor, España tuvo en él al ingeniero que tendió los puentes entre los
diversos pueblos hispánicos. Aunque promovió las leyes en castellano, prefería
el gallego para la poesía. Fue finalmente declarado santo, pero cuidó a las
comunidades musulmanas y judías dentro de su reino cristiano. En una ocasión,
los musulmanes asaetaron una bandera con la efigie de la Virgen en el fragor de
una batalla y el rey la remendó él mismo. Antes que Isabel y Fernando, que
Carlos y Felipe, él fue el sastre de España. Fue proclamado rey a la sombra de
un olmo riojano y lo enterraron en Sevilla. Sevillano era un poeta que muchos
siglos después cantó en el español más puro a un olmo castellano herido por el
rayo, en su mitad podrido, que volvía a brotar hojas nuevas con las lluvias de
abril y el sol de mayo. Se llamaba Fernando, el III de su nombre como rey, para
la eternidad el Santo.
Santiago N. G.
(XVIII Antología)
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