Como
venimos haciendo en días anteriores, seguimos publicando vivencias de la
Antología 2013.
AMANCIO Y EL MONTE
Solo Amancio conocía los secretos oscuros y quietos
en los que late la vida inmensa del monte gallego:
eucaliptos
de hoja de plata, pinos orgullosos, robles ancestrales, o
el habla
del viento con las hojas eran para Amancio la única
demostración
de trascendencia.
Aquel agosto del 55, trajo un San Roque ardiente y seco:
una espada de fuego blandió sobre la tierra sagrada del
monte
gallego: banderas flameantes encendieron la noche y
parieron
la tragedia que arrasó aquel poema vivo, verde y
profundo.
Amancio peleó toda la noche contra el monstruo de fuego y
humo.
De mañana, el olor a inerme y a derrota se agarraba
a las gargantas y hacía restregar los ojos incrédulos
ante la devastación. Cuando bajo la luz del día Amancio
vio
aquella muerte, sintió que era también el final de su
propia vida:
sin habla y ya sin esperanza,
cayó fulminado sobre la tierra quemada.
Mercedes
Garrido Paz
ESTRADA
(Pontevedra)
(VII
Antología pág. 251)
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