HUMANIZANDO
AL HUMANISTA
Conocí
a Elio Antonio de Nebrija en Salamanca. Me contó que había adoptado el praenomen
de Aelius. Los Aelia/Aelio o Ulpio Aelia eran la familia más importante de la
Hispania romana, entroncando con Trajano, Adriano, Marco Aurelio o Cómodo.
Sospecho que el motivo no era otro que autoensalzarse por encima de sus
coetáneos. Era una declaración de intenciones. Coincidimos en la universidad
donde se dedicaba a reprobar sin ambages la labor de los maestros, quienes
pensaba habían contribuido a arrinconar la expresión elegante en beneficio de
una jerga ininteligible. No era muy popular, aunque nadie lo verbalizaba pues
era una persona tendente al enojo.
El
lebrijano marchó a Bolonia donde según él podría aprender de los autores
latinos y a su vuelta obsequiarnos generosamente con sus enseñanzas.
Volví
a encontrármelo en Salamanca. Yo estaba dedicado a mi poesía y era más pobre
que una rata. Su vehemencia no había hecho sino intensificarse declarando, le
preguntaran o no, que venía a luchar contra la barbarie lingüística.
Obtuvo
una cátedra en la universidad, que abandonó para dedicarse a su obra bajo el
ala de su mecenas, D. Juan de Zúñiga. También fue nombrado cronista de la
corte. Se puede decir que no le fue del todo mal.
Unos
años más tarde solicitó una cátedra bien pagada que, dada su falta de humildad,
daba por conseguida, pero la ganó un recién graduado. El orgullo de Elio
Antonio no pudo soportarlo y se fue.
Sé
que acabó su carrera en la nueva Universidad de Alcalá de Henares gracias a sus
muchos contactos. Y gracias a esas amistades también eludió un inquietante
incidente con la Inquisición.
¿Pienso
que era una persona con exceso de soberbia? La respuesta es sí. Pero cuando
eres un privilegiado intelectual entiendo que hay actitudes que puedes
permitirte.
Teresa
González Espina
Reside
en Madrid.
Abogada.
Tras
un ictus que la incapacitó para trabajar, hace un curso universitario en
escritura creativa y se está dedicando a ello porque era algo que tenía siempre
en mente, pero nunca había tenido tiempo. Está explorando sus habilidades en
novela y relato corto.
(XVIII Antología)
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