miércoles, 20 de junio de 2018

ANTOLOGÍA 2017: ENTRE DOS SURCOS...




ENTRE DOS SURCOS

España son dos surcos, paralelos, que jamás se encuentran: o de Roma o con Cartago; o hispanorromanos o visigodos; o con Arriano o con los defensores de la Trinidad; o con la corona de Castilla o con el reino de Aragón; o a favor de los indios o junto a los conquistadores; o Austrias o Borbones; tradicionales o liberales; monárquicos o republicanos… Y lo malo es cuando esos dos surcos que nos marcan históricamente a sangre y fuego se desvían, se acercan, se cruzan y se encuentran: entonces siempre una línea quiere montarse en la otra, partirla, destruirla, ocuparla, partidaria de la única línea de arado permitida; o rojos o azules: ya hemos tenido bastante.

El recordado don Antonio nos lo avisó: «Una de las dos Españas ha de helarnos el corazón». Tal vez sabemos vivir bien con el frío, y el problema es que llevamos uno de los surcos grabado a fuego sobre la piel trillada del pecho, un surco que se inflama cuando siente próximo el otro, una gran cicatriz en la piel reseca y arrugada que produce una siembra indefectible de odio y rencor. Los dos bueyes que aran la piel de toro tienen nombre: Caín y Abel. Otra vez don Antonio labrando un surco único e imposible sobre las aguas de la Laguna Negra, sobre la fría tierra soriana que le habría de helar, también a él, definitivamente, el corazón.
Es difícil cambiar la senda y el hábito de los bueyes, preparar bien la vertedera para que se hinque profunda y salvífica, dejando una sola línea común, un surco ancho y vivificador, una línea recta que nos lleve únicamente al infinito. Es difícil, porque el ansia de las paralelas es tan nuestro, tan arraigado, que ya es indiferente quién empuñe el arado, quién hunda la reja profunda. Los bueyes aran solos dejándose llevar por la costumbre y la promesa difusa de un establo paradisíaco.

Fernando Escudero Oliver
Doctor en Filología Hispánica
Profesor de Secundaria
(XI Antología)


lunes, 18 de junio de 2018

ANTOLOGÍA 2017: PLUS ULTRA




PLUS ULTRA

Acariciando la mar con los vientos frágiles que rozan la frontera intocable de la razón, allí estamos, con los estandartes jugando con el aire, nos sentimos valientes, osados. Empresas difíciles tocaron mis manos, intenté moldearlas. Sobre mis hombros torreones, piedras, rocas descansan, historia que yace en el ruego del sigilo. Hay sordera, ceguera y altivez, sin embargo caminamos más allá de nuestras propias imaginarias, creyendo que existe un precipicio que seremos capaces de subir, y continuamos erguidos, navegando sin darnos cuenta que nos encontraremos a nosotros mismos, vestidos de diferente manera, con lenguas que danzan al son de memorias desconocidas, y seguimos más allá…

Ahora las columnas rebasadas, expoliadas de su interrogante, del atuendo de pretéritos mejores o peores, están fracturadas y se agazapan en los cimientos del mar, y vagamos hacia el otro lado, continuamos rastreando la sinrazón de la barbarie, con el único anhelo de tragar tierras nuevas, vírgenes promesas. ¿Qué haremos cuando hayamos consumido las llanuras, los bosques, cuando hayamos estrangulado la última lengua, cuando nos asfixiemos con la estampa del doble espejo, y observemos que nosotros somos ellos, y ellos son los navegantes que avanzan a nuestro encuentro? Ir más allá, ahora significa apaciguar terremotos que nos han separado, gritos de ecos que persisten en la memoria, romper el espejo distorsionado que nos hizo creer que la imagen que reflejaba era perfecta. Ahora plus ultra se nos escapa de la palma de la mano como una diminuta gota de agua que viaja extraviada en el océano, y debemos detener la embarcación, para reconstruir con los pedazos de lo caído una figura que nos dignifique, un momento donde podamos recoger las huellas descuidadas.

Raquel Viejobueno
(XI Antología)


ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES







«… Me veo viajar de una orilla a otra, de un tiempo a otro… Me veo a bordo de cada palabra que me lleva y me trae… Y siento que todos mis efectos y mis afectos están aquí, son aquí, caben aquí, en la rebosante levedad de este idioma al que, “de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar, de tanto ser raíz”, se le han ido adhiriendo voces y ecos… paisajes y latidos, zozobras y horizontes… Me veo ir y venir… a hacer las Américas, a “facer Españas”…» (pág. 79, Ricardo Bermejo). 

viernes, 15 de junio de 2018

ANTOLOGÍA 2017: LOS PECADOS DE LA LIBERTAD




LOS PECADOS DE LA LIBERTAD

Me he propuesto no dejar de ser hidalgo en mi talante
aunque el mundo de hoy no entienda de honra ni de manos estrechadas.
Seré quizá el último gaznápiro que corteja a damas de dudoso boato,
el último truhan que paga el convite en la taberna
o el alabardero que custodia las raíces de nuestro pasado.
Ya no son tiempos de caminos que empolvan sandalias,
ni de olivos que nos resguarden del mal sol,
ni de posadas de pan duro y vino rancio.
Hoy dícese salidita al campo de los andares entre el polvo,
dícese climatización de lo que auxilia nuestros calores
y bares los que sirven pan tierno y mieles en copa.
Mancillamos honores sin causa alguna,
arrojando al suelo guantes por la espalda,
a cara cubierta y sin temor a un duelo de armas.
Dícese de esta enjundia redes sociales,
con letras capitales, como nuestros pecados.
Bizarro era aquel que defendía condados y comarcas
y dícese traidor ahora a quien lucha por no ser sometido.
Los manilargos ya no son zarrapastrosos armados con cuchilla curva,
visten ahora nobles vestiduras y esgrimiendo poder.
Me sublevo con cabeza gallarda a tolerar más deshonras,
a ser juzgado por no consentir que se hayan perdido las reverencias,
el besamanos a la dama y el alzamiento del sombrero;
aunque sí resigno, no sin torpeza, que algo bueno sí hay ahora:
libertad.

Josep Capsir Comin
Blog: http://autorjosepcapsir.blogspot.com.es
Facebook: http://www.facebook.com/josep.capsir
(XI Antología)



jueves, 14 de junio de 2018

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES








«… Las palabras subidas en galeras / llegaron al otro mundo, / el español convertido en lengua del imperio. / Nuevos tiempos, retazos de ilusiones / fraguados en mentes delirantes, / en locos cuerdos, llenos de visiones / viendo la realidad soñada…» (pág. 77, Ángel Novillo Sánchez de Pedro).

REPORTAJE SOBRE EL PREMIO OROLA EN LA PRENSA CASTELLANA

El pasado domingo, día 10 de junio, apareció el siguiente artículo en los siguientes periódicos de Castilla León y Castilla la Mancha:
  • Diario de Burgos 
  • Diario de Ávila
  • Diario Palentino
  • El Día de Valladolid
  • El Adelantado de Segovia
  • La Crónica de León
  • La Tribuna de Albacete
  • La Tribuna de Ciudad Real
  • La Tribuna de Puertollano
  • La Tribuna de Cuenca
  • La Tribuna de Guadalajara
  • La Tribuna de Toledo
  • La Tribuna deTalavera
Estamos muy agradecidos a todo el Grupo PROMECAL y al periodista Javier Villahizán por su interés en el Premio OROLA. La aparición del Premio OROLA en los medios, es muy importante para que aumente la participación.


miércoles, 13 de junio de 2018

ANTOLOGÍA: MOLLETES CALIENTES




MOLLETES CALIENTES

Me atreveré a hacer un vuelo rasante por la vida de un niño pobre, allá por los años sesenta del pasado siglo. Había otros niños del pueblo que con confortables abrigos, zapatos impecables y sonrosadas caritas sonreían al fresco invierno. Niños ricos, de familias ricas, con ricos atuendos y ricas viandas. Los otros chiquillos teníamos agujeros en los despellejados zapatos, remiendos en los gastados pantalones, sabañones como tomates en dedos y orejas, rostros cuarteados por el frío del invierno y renegridos por el sol.

Algunos de nosotros salíamos al alba, antes de ir a la escuela, a vender molletes. Nuestras adormecidas voces tiritaban a la par que pregonaban: «¡Molletes calientes y van bajeando!». La canasta, cubierta de tela de saco, que portábamos a la espalda, ofrecía esos ricos molletes para el desayuno. Éramos chiquillos que, expulsados de los pobres catres ajustados en viejas casas de vecinos, nos enfrentábamos al nuevo día con hambre atrasada, ahítos de miseria, de necesidad.

Aquellos chiquillos ganábamos cuatro perras gordas por una jornada de trabajo. Perras gordas que aumentaban los exiguos caudales familiares y permitían sobrevivir en un mundo de miseria. ¿Explotación infantil? Carecíamos de luces para percibirlo y estábamos sobrados de hambre. Había una acuciante necesidad de un correoso mendrugo para saciar unos estógamos acartonados de tanto chupetear jugos gástricos en obligado desempleo.

«¡Molletes calientes!». La voz del chiquillo, acuchillando las primeras luces del día, se perdía en la fría lejanía de una calle cualquiera del pueblo que lenta bostezaba saludando a un perezoso sol incapaz de retirar grises sábanas de niebla que arropaban el horizonte. «¡… y van bajeando!». Sin saberlo jugábamos a «facer Españas».

José Cantillo Carmona
Catedrático de Filosofía
VALENCIA
(XI Antología)


lunes, 11 de junio de 2018

ANTOLOGÍA 2017: AMASANDO CANSANCIOS




AMASANDO CANSANCIOS

La vieja hornera me llama como si tuviera algo que contarme. Solo veo cachivaches bajo un manto de polvo, telarañas y olvido. Y entonces lo siento.

Allí se libran en silencio batallas de sonidos, olores y fatigas imposibles de percibir si no escuchas con el alma. Cada trozo de silencio me reclama.

Y allí está ella: mi madre, sobre una enorme artesa, envuelta por un sutil polvo blanco que envejece aún más su eterno pelo gris. Amasa, silenciosa, una mezcla de harina, amor y cansancio. Oigo el susurro de esa masa blanda y cariñosa, tan dolorida como las manos que la estrujan mientras el chasquido de una chispa huele a leña ardiendo. Ahora el quejido de las vigas, escondidas por el humo y encorvadas por el peso, trae olor a salitre y a aquel cerdo gruñón que, muriendo cada año en una macabra matanza, seguía estando allí. Yo creía que era siempre el mismo cerdo.

En la esquina, un montón de patatas huelen a tierra, a sudor de mi padre y traen los alegres gritos de mis hermanos metiéndolas en cestos.

Dos lecheras oxidadas me llevan a la cuadra; mi madre ordeña con la cabeza sobre la panza de Mimosa y llega el olor calentón a leche recién nacida.

Sobre la pared, unos sacos de trigo esconden olor a polvo, dolor del trillo que les pasó por encima y ecos de un día de trilla convertido en romería: hombres sudorosos, niños sobre trillos, mujeres con gavillas y la comida junto al río, a la sombra de las salgueras, dando tregua a sus cuerpos.

Ahí veo el candil que ilumina a mi padre en la mina, esa tumba negra donde entierra su vida y cubre de carbón sus sueños… y huele a oscuridad y tristeza.

Así, hipnotizada por sonidos que ya no suenan, olores que ya no huelen, por calor de fuego y de madre que ya no arden, y rodeada de tanto cansancio viejo, veo la dureza de unas vidas que no vi siendo niña, cuando todo estaba vivo.

Laly del Blanco Tejerina
LEÓN
(XI Antología)


ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES








«Piel tejida con puño diestro, hilo bravo, perfiles suntuosos de patria en crecimiento… Las Españas. Sentimiento conjunto, voces ensambladas en un solo grito… “Facer Españas”. Pero llegarán… Hombres, aventureros con alma de sueño» (pág. 75, Montserrat Espinar Ruiz). 

viernes, 8 de junio de 2018

ANTOLOGÍA 2017: SUS CALLES



SUS CALLES

Ya no reconozco las calles.
Mis calles.
En las que correteamos cuando éramos niños en los tiempos en que los automóviles no dominaban el asfalto, donde había asfalto, y la tierra de los solares, aunque pelada y sin árboles, era escenario de las más grandes aventuras o de las más apasionantes partidas de canicas en torno al gua. Por las que paseamos como novios ideando mundos futuros que protagonizarían nuestros hijos como dueños de aquellas rúas y de nuestros sueños.

Ya no reconozco las calles.
Mis calles.
En las que vimos crecer a nuestros hijos y envejecer a nuestros mayores. En las que cada mañana el sol era una promesa de libertad y progreso. En las que la luna en cuarto creciente auguraba más luminosas noches sin miedo a oscuras creencias. En las que todos caminábamos al unísono sin necesidad de que nadie avanzase delante ungido por poderes usurpados, en las que nadie debía ir dos pasos detrás de nadie por quién sabe qué viejas normas santificadas.

Ya no reconozco las calles.
Mis calles.
Ahora ensombrecidas por extrañas tradiciones y sepultadas en dementes supersticiones atávicas, habitadas por bocas cerradas que propagan silencios ordenados por milenarias escrituras inamovibles, usurpadas por derechos recientes que se imponen a otros ancestrales y subvierten todo aquello que la cultura y el humanismo nos legaron en centurias de razón y estudio, transitadas por rostros embozados por la obligación de ocultar la supuesta provocación, solo vista en mentes medievales encadenadas de supinos prejuicios, de los libérrimos labios, de la sensualidad de la clara mirada y del cabello flotando al viento.

Ya no reconozco las calles.
Mis calles.
Porque otros, muchos, demasiados, trabajan para «facer unas Españas» extrañas, lejanas y ausentes arrancando sus raíces.

Ya no reconozco las calles porque no son mis calles.
Son sus calles.

(XI Antología)