BAJO
EL OLMO
Esther Martínez Membrives
Licenciada en Psicología y doctora en Psiquiatría. Diplomada en Gestión de Recursos Humanos y Relaciones Laborales.
Ha sido profesora asociada en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona y de Formación y Orientación Laboral de la Generalitat de Catalunya.
Su investigación se ha centrado en la emoción, la ansiedad y la psicopatía juvenil, con publicaciones en revistas científicas internacionales. Actualmente combina la docencia con la escritura.
(XVIII Antología)
No sé lo que es un reino. Tengo catorce años y los
bolsillos llenos de tabas. El aire huele a flores, a principio de verano, a
lavanda, a tomillo. Me recuerda a los que he perdido. A los que he dejado.
Pensar que no volveré a escuchar las risas de Dulce y Sancha me produce un nudo
en la garganta. Pero he vuelto con mi madre.
Dicen «rey» bajo el viejo olmo y los gallardetes se
alzan. Hablan de mí. Me celebran. Mi madre, con un gesto apenas visible, me
pide levantar la cabeza. Es casi una desconocida, pero daría la vida por ella.
Por defenderla le doy la espalda a mi padre, al que también quiero. Por ella
renuncio a una vida libre. Renuncio a la caza, a los torneos, a los dados, a la
pesca en el Bernesga, a los bailes, a los besos furtivos con la costurera. Se
me humedecen los ojos y al frotármelos siento los párpados rasposos del polvo
del camino.
Aplauden y me vitorean. Trato de mantenerme erguido, me
pesa la cabeza, y eso que todavía no me han coronado. Me pesa lo que he hecho,
desobedecer a mi padre y huir, sabiendo que no hay vuelta atrás. He galopado
tan rápido que no sentía el corazón golpeándome en el pecho. Tampoco sentía el
entumecimiento ni el trote dañado del caballo. Mi madre me necesitaba, solo
podía pensar en eso y en pedirle ayuda a Dios. Hoy me ha recibido con un abrazo
contenido pero esperanzado, como si recibiera la comunión. Habría querido
hundirme en su regazo o en su cabello, como hacía antes de los tres años, pero
ya no soy un niño. Y no le asoma ni un rizo del velo; un marco blanco y
perfecto para la determinación. Tiene la mirada clara y directa, igual que el
discurso. Me ha hablado de las amenazas de Lara, de mi padre, de León. Y luego,
de la corona.
Una ráfaga sacude el olmo. Las semillas vuelan. Yo no
puedo hacerlo. Mi sitio está aquí. Con ella. Con Castilla. Soy Fernando III, rey.
Licenciada en Psicología y doctora en Psiquiatría. Diplomada en Gestión de Recursos Humanos y Relaciones Laborales.
Ha sido profesora asociada en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona y de Formación y Orientación Laboral de la Generalitat de Catalunya.
Su investigación se ha centrado en la emoción, la ansiedad y la psicopatía juvenil, con publicaciones en revistas científicas internacionales. Actualmente combina la docencia con la escritura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario