viernes, 20 de febrero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: CONVERSACIONES

 



CONVERSACIONES
 
 
Hay vivencias que ensanchan los ecos y remontan las montañas como si fueran la expresión de lo más recóndito del ser humano que pugna por rozar la inmortalidad.
 
Conocí al hijo antes que al padre. Pero ese hijo sabio y astrólogo me habló del hombre que, desde 1224, convirtió su existencia en un constante batallar. Fue rey sin pretenderlo, pues en su mano no estaba la ley de la herencia y porque la vida, a veces, es un gesto, un detalle, una ocasión. Sin ser primogénito, se situó el primero.
 
Sobre la muerte de sus antecesores, el orfebre del tiempo modeló para Fernando su corona de rey de Castilla y León. Me lo contó también Alfonso X cuando en mi casa de Sevilla jugamos una histórica partida de ajedrez. Incluso me enseñó un libro de estoriasPrimera crónica general la titularía otro sabio: Ramón Menéndez Pidal— y leímos unos pasajes mientras tomábamos una colación —hidromiel, dátiles y pasas— en una sala del alcázar. Los folios de pergamino me revelaron la voz indómita de su padre Fernando III y lo vi «soñando caminos de la tarde» antes de que lo hiciera junto al Duero Antonio Machado. En uno de esos pasajes se contaba que, tras siete años de paz, había roto las treguas con el califa almohade y cruzado el puerto del Muradal para ensanchar el reino y los pulmones. Todos sus trebejos —como estos alfiles, roques y caballos que ahora mueven mis recuerdos— fueron ocupando escaques repletos de murallas, castillos, villas, ciudades y personas.
 
«Así fue mi padre», concluyó Alfonso con la voz áspera de sus últimos días. Recuerdo que en ese momento movió el rey junto a la dama y pensó en su madre Beatriz.
 
Entiendo que hay movimientos en la historia que hacen ganar o perder partidas. En todo caso, me quedo casi siempre con los acordes de una sustanciosa conversación.
 
 
J. G. M.
(XVIII Antología)
 

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