martes, 10 de febrero de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… No era el oro lo que buscaba, ni la gloria vana de los trovadores que cantaban hazañas efímeras: era la paz, esa quimera celestial en la tierra, un ideal tan frágil que se le escapaba entre los dedos como arena fina arrastrada por el viento del Guadalquivir…» (Carlos La Casa, pág. 36, «El santo en la sombra»).


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