«… El
arzobispo tomó la corona y pronunció la fórmula, pero en mi mente solo estaban
las palabras que él me hizo jurar: “Si supieras guardar esta tierra, serías tan
buen rey como yo. Y, si ganases más, mejor que yo”. Dije amén tres veces: una a
Dios, otra a mi padre y otra a mí mismo. Él me sigue hablando. “Los reinos se
ganan por la espada, mas solo la pluma los puede hacer perdurar”…» (Roberto M.
Ballarín, pág. 80, «Postrimerías: infierno y gloria»).
No hay comentarios:
Publicar un comentario