EL
PESO DE LA CORONA
Jesús Bermejo
Lecuona
Pamplona.
Licenciado en Derecho.
Funcionario del Estado.
(XVIII Antología)
Sevilla ardía en el horizonte cuando sintió por primera vez el verdadero
peso de su corona. No el oro ni las gemas, sino la historia que tejía con cada
paso. León y Castilla ya eran una sola sangre; ahora, la frontera se
desdibujaba bajo su estandarte. La reconquista avanzaba, pero no era solo una
empresa militar: era la voluntad divina hecha obra.
El aire olía a ceniza y polvo, el eco de los cascos de los caballos
resonaba en las calles de piedra. Caminó por la ciudad tomada, entre callejas
donde el árabe aún susurraba en los muros. Los ecos de un reino que se
desvanecía seguían vivos en los ojos de sus habitantes.
Algunos miraban con miedo, otros con resentimiento. Fernando lo entendía.
No era un rey despiadado, no buscaba arrasar, sino edificar un orden nuevo. No
bastaban las espadas ni los decretos, debía unir lo que la guerra había
separado, dar cimientos a un reino que perdurara más allá de su tiempo.
Alzó la mirada hacia la Giralda, antes minarete de
oración, ahora campanario de su fe. No había ordenado destruirla; debía
permanecer, elevada aún más alto, como símbolo de la tierra que estaba
forjando. El sol del atardecer bañaba sus muros dorados, mientras el viento
traía aún el aroma del incienso musulmán, entremezclado con la cera derretida
de los cirios cristianos. Sabía que en sus dominios aún quedaban heridas
abiertas, pero su deber no era solo vencer, sino gobernar con justicia.
Antes de él, otros habían reinado y perecido, pero su misión era distinta.
Dios lo había puesto allí para hacer algo que el tiempo no borrara: un reino
fuerte, indivisible, más allá de su vida. Respiró hondo. El aroma de la tierra
reconquistada llenó sus pulmones. Por fin sintió paz. Su tarea estaba cumplida.
No era solo un rey. Era el artífice de un destino.
Pamplona.
Licenciado en Derecho.
Funcionario del Estado.
(XVIII Antología)
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