jueves, 21 de mayo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… En la quietud sagrada de la arboleda, comprendió que gobernar era asumir el dolor del mundo, que no hay justicia sin cicatriz, ni poder sin alma que se desgaste por cada decisión escogida entre el deber y la compasión. Advirtió, que gobernar no era ordenar, sino dolerse. Que cada decisión desgarra algo que no se ve: una fibra íntima, una veta del espíritu…» (Fernanda T. J., pág. 96, «El susurro del olivo»).


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