«… Doña Berenguela me dio la vida y los reinos que ahora son míos; para
convertirme en rey de Castilla renunció al trono que le correspondía. También
la corona de León me llegó de su mano, ¿acaso no fue ella quien la negoció con
doña Teresa en Benavente, evitando la guerra? Esa misma mano que me sostuvo
cuando aprendía a caminar y que me ha guiado treinta años en las tareas de
gobierno. Si celebro mis victorias socorriendo a los menesterosos, si soy
clemente con los vencidos y si sé que la palabra es más útil que la espada con
los enemigos internos, es porque ella me lo enseñó…» (M.ª Teresa Becerra López,
pág. 102, «De tal palo, tal astilla»).
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