«… No, madre, no fue fácil
reconciliar las crónicas de nuestros pueblos sin mancillarlas. ¿Qué me hacía
creer que podría llevar sobre esta testa indigna el peso de dos coronas sin
desfallecer? Y, sin embargo, con la gracia de Dios, lo hice. No con estrépito,
sino con perseverancia. No por fuerza, sino con paciencia y oración…» (Elena B.
R., pág. 104, «Pontem, non murum»).
No hay comentarios:
Publicar un comentario