ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES
«… Había visto morir a amigos,
había enterrado soldados que lo seguían desde Toledo, desde Burgos, desde los
valles de León. Sabía que al amanecer, las cadenas que cerraban el Guadalquivir
caerían por fin, y Sevilla abriría sus puertas. Podía sentirlo. No por las
estrategias, sino porque Dios lo había confirmado en el silencio del alma…»
(María Lacárcel López, pág. 110, «La noche del santo»).
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