ENCOMIENDA
AL AMANECER
Señor de los cielos y
de la tierra, hoy vuelvo a ceñirme a Lobera, no por ansias de conquista, sino
por obediencia a tu designio. Antes de que el sol rompa el velo de la noche,
encomiendo a ti mi alma, mis hombres y el futuro que aún no ha sido escrito. Cada
amanecer que me es concedido es un peso nuevo sobre mis hombros, un llamado a
velar por este reino que me has confiado.
No ignoro el rostro del enemigo. Son hombres como nosotros, nacidos de madre, amados por sus hijos, temerosos bajo las mismas estrellas. No luchamos por odio, sino por destino. Por la fe que nos sostiene, por el pueblo que confía en mis pasos, por el mañana que aún no existe y que hoy escribimos con sudor y sangre.
No ignoro el rostro del enemigo. Son hombres como nosotros, nacidos de madre, amados por sus hijos, temerosos bajo las mismas estrellas. No luchamos por odio, sino por destino. Por la fe que nos sostiene, por el pueblo que confía en mis pasos, por el mañana que aún no existe y que hoy escribimos con sudor y sangre.
El alba se tiñe de rojo y yo, Fernando, tu siervo indigno, me dispongo a cruzar la llanura donde se alzarán los gritos de guerra. No temo a la muerte. Más veces he temido fallarte que perder la vida. Si hoy es mi hora, que así sea. Pero si me concedes la victoria, te prometo que no olvidaré a quienes caigan bajo el estandarte de la cruz, ni a los que, rendidos, pidan misericordia.
Bendice mis manos, fortifica mi ánimo y no permitas que el orgullo me ciegue. Solo tú eres la gloria. Solo tú el rey verdadero. Yo soy apenas un soplo, un hombre que marcha bajo la cruz al alba, dispuesto a morir si es tu voluntad.
Córdoba, 1975.
Profesional de marketing con formación en diseño digital y comercio internacional.
Publicaciones: la novelette La constante de Escher, autopublicada en Amazon. Actualmente trabaja en su primera novela.
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