«… Sevilla, la joya del sur, se rendía
tras meses de asedio. El río Guadalquivir ya no acarreaba víveres, solo
irradiaba rumores de un cambio ineludible. En las murallas, los estandartes
musulmanes ondeaban despidiéndose al compás que les marcaba el viento…» (Lilia
González Sánchez, pág. 134, «La última bandera»).
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