«… Viví amando a Dios y haciendo la guerra en su nombre. Devolví el honor
a nuestra tierra usurpada, y nobles y obispos recibieron señoríos y privilegios
donde seguir expandiendo el mundo luminoso, donde honrar al Dios verdadero.
Tomé Jaén propagando una epidemia de hambre; contemplé Medina Azahara en ruinas
y lloré ante lo efímero de la gloria; atravesé Sevilla entre vapores de azahar
para plantar la cruz en la mezquita que será mi balcón a la eternidad…»
(Nicolás B. D., pág. 152, «Res gestae Ferdinandus Tertius»).
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