«… Sevilla,
la plaza más deseada. Imagino la reciedumbre de los caballos cristianos
desempedrando las calles con sus cabriolas y corvetas. Se dirigen al alcázar
donde el caíd les aguarda en una sala suntuosa con techo dorado y paredes
escaqueadas. Llegan las capitulaciones y Axataf entrega las llaves de la
ciudad. Un mes de plazo para que los infieles la abandonen…» (Luis Miguel
Carreras Jiménez, pág. 140, «La conquista de Ishbiliya»).
No hay comentarios:
Publicar un comentario