«… Ofrezco mi alma
sabiendo que mi legado no será contado solamente en territorios y coronas, sino
en el pulso de un pueblo forjado en un ideal común,
grabado en las piedras de las catedrales que desafían el tiempo y en las
páginas de la historia que seguirán narrando nuestra ardua búsqueda de luz y
unidad…» (Aimar Rollán González, pág. 168, «Postrimerías»).
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