«… Es
la hora / de inventar la posteridad de un rey: / susurros, Te Deum y el temor,
/ mientras silban las flechas piadosas / de la postrera unción de los
cristianos / que Dios permite administrar a los hombres / como si fuese un
fuego llovido del / cielo…» (Santiago Casero González, pág. 170, «Te Deum»).
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