HIERRO
Y LUZ
¡Oh, el héroe!, cuyo nombre los siglos repiten con unción
de salmo y fulgor de epopeya, ceñido en la armadura de los predestinados, alzó
su espada no como cetro de tiranos, sino como báculo de una divina misión
divina. Era el acero en su diestra un verso del destino, cada filo una línea
del gran poema escrito por los hados con sangre y oro.
¡Oh, la hoja bruñida por el sol de las batallas, templada
en lágrimas y oraciones! No fue solo metal, no fue solo filo que cortó el
viento y la carne infiel. Fue el verbo hecho arma, la palabra santa que hiere
más allá de la carne. ¿Mas qué es el acero sin la fe que lo anima? ¡Polvo y
vanidad!
¡Oh, la fe! Hoguera azul en su pecho, antorcha que
alumbraba los caminos de la guerra santa, faro en el piélago de la reconquista.
Cruz y espada, plegaria y estocada, mística y combate. No blandía el metal solo
el guerrero, sino el creyente que ofrendaba su vida en altar de batalla. Cada
encuentro, un cántico; cada triunfo, un milagro tallado en el mármol de lo
eterno.
Guerrero y santo eran uno, como el relámpago y la
tormenta, como el vino y la sangre en el misterio sagrado. Su vida, poema
escrito con letras de fuego, donde cada verso era un paso hacia la eternidad;
cada estrofa, una ciudad reconquistada para el reino de los cielos.
¡Bendita la espada guiada por la fe! ¡Bendita la fe
defendida con el acero! En esa unión sagrada yace el secreto de los elegidos:
aquellos que, entre el polvo de la lucha y el resplandor eterno, forjaron no solo
imperios, sino leyendas inmortales.
Lautaro
Castelli
Pergamino, Buenos Aires (Argentina).
Escritor y crítico cultural.
Publica ensayos y reflexiones sobre arte, cine y literatura en https://clasevlog.medium.com.
(XVIII Antología)
Pergamino, Buenos Aires (Argentina).
Escritor y crítico cultural.
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(XVIII Antología)

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