Hay que
tener un concepto vitalista de la vida.
Hemos de
morir un día
y la vida es
nuestra única oportunidad.
Si somos
vitalistas,
cada
instante de la vida tendrá interés.
El vitalismo
nos da el grado de optimismo necesario
para que la
vida no se nos antoje absurda o vacía.
Hay personas
vitales que transmiten a su alrededor
sentido de
actividad, de progreso y diría que hasta de entusiasmo.
El vitalismo
debe nacer de una fuerza interior.
Siempre
podemos hacer algo; por nosotros o por los demás.
La vitalidad
y la generosidad son dos manifestaciones que normalmente van unidas.
El vitalismo
es un concepto, una categoría mental
por encima
de la vitalidad que tiene relación con un concreto estado físico.
El vitalismo
se puede dar en las naturalezas débiles
y hasta
enfermizas.
La fuerza
vital está en la mente y en la voluntad,
que superan
toda dificultad.
Hay que
revitalizar conceptos que nos ayudan a ser más felices
como el
amor, la familia, el trabajo, la solidaridad.
El vitalismo
hay que entenderlo como postura positiva
ante la
encrucijada humana.
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