viernes, 30 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: A LOS PIES DEL REY

 



A LOS PIES DE UN REY

 
Lo busqué como se busca a un padre que no se ha tenido. Me habían hablado de su cuerpo incorrupto, de su santidad, de las ciudades que conquistó sin perder el alma. Pero yo no fui por historia, fui por consuelo. Atravesé la catedral como quien entra en una casa ajena y se arrodilla en silencio. Nadie me miró. Solo él, desde su urna, con ese rostro quieto que no juzga ni consuela, pero que impone preguntas.
Pensé en todo lo que había perdido: el trabajo, el rumbo, la fe. Y allí estaba él, siglos después de morir, aún entero. ¿Qué se necesita para no pudrirse por dentro? Tal vez no sea santidad, sino entrega. Renunciar al yo, al ruido, a la victoria inmediata. Tal vez la santidad no está en no caer, sino en levantarse siempre mirando al otro.
No recé. Solo respiré. Y en ese respiro hubo más paz que en años enteros. No salí santo. Pero salí menos roto.
 
 
Francisco José Rojas Sarria
Residente en Málaga.
Docente y diplomado en docencia.
Premios: segundo lugar en el IV concurso de relatos cortos de la asociación Alcoy Modernista con «Don Quijote descubre la Navidad» y segundo premio de relato corto en el VI certamen literario de narrativa corta Papallones Liles con la obra «El vuelo de Zahra».
Publicaciones: dos novelas Entre lobos: el camino y El edificio de la discordia, entre otras obras.
(XVIII Antología)
 
 
 
 


jueves, 29 de octubre de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«Fernando no lo dudó, abrazaba la cruz con el mismo ímpetu que blandía la espada o la pluma, y si sus primeras enseñanzas infantiles estuvieron tuteladas por el latín, tenía la certeza de que el castellano, ese que se había convertido en lengua vehicular de todos los estratos del pueblo, debía de tomar definitivamente el relevo…» (Manuel Laespada Vizcaíno, pág. 208, «Con ese mismo ímpetu»).


miércoles, 28 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: APUNTE SOBRE FERNANDO Y EL SILENCIO QUE QUEDA

 



APUNTE SOBRE FERNANDO Y EL SILENCIO QUE QUEDA

 
Recuerdo (o quizá es solo una construcción tenaz de la memoria, esa arquitecta de ruinas interiores) haber caminado detrás de una sombra. Le llamaban Fernando y añadían títulos sonoros. Para mí, era menos un hombre que una voluntad organizada imponiendo su forma silenciosa al aire. Bajo su estandarte —un trozo de tela coloreada, en el fondo, como tantas vanidades que mueven el mundo— sentí que los muros viejos murmuran, guardan sombras de angustias. Las piedras escuchan y recuerdan con esa memoria lenta e indiferente de lo mineral.
 
Vi bocas musitando plegarias que el viento distraído deshacía. Vi hombres con los ojos abiertos, fijos en el filo frío del acero. La resignación final, repetida. Él, esa presencia central, no necesitó alzar la voz. La autoridad desprecia el ruido. Le bastó un gesto, una mano quieta, casi desinteresada, trazando la línea: aquí la vida precaria, allá la muerte simple; aquí la ciudad tumulto, allá la ruina ordenada. Un funcionario eficaz de la fatalidad.
 
¿Y yo? Yo era nadie. Un par de ojos fatigados bajo el casco. Soldado sin nombre, ¿qué importa? Pero aún llevo adherido el polvo de Sevilla, polvo fino, casi metafísico. Y en sueños (¿son míos?), regresa su figura, no con luz, sino más bien definida por una ausencia luminosa, un contorno preciso y vacío que sigue irradiando frío.
 
Fue entonces, o quizá mucho después, en la quietud polvorienta de otras horas sin propósito, que intuí la verdad: un santo, de esa estirpe terrible, no es quien reza. Es aquel que tiene el poder y la indiferencia para decidir qué callar prevalece. El administrador supremo del silencio ajeno.
 
Y sentí entonces, como ahora, la inutilidad de todo. Y el frío. El inmenso frío de comprender ciertas cosas.
 
 
Javier P. A.
(XVIII Antología)
 
 
 


martes, 27 de octubre de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Al morir, pidió que lo vistieran con sayal / y sobre su pecho pusieran tres libros: / un misal mozárabe con letras de oro, / un Corán traducido por monjes de Ripoll / y los salmos en hebreo que rabí Ezra / iluminó con pájaros de Sefarad…» (Miguel Ángel Sánchez Romero, pág. 204, «Ferdinandus rex: cantar de tres aguas»).


lunes, 26 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: UNA GRANDEZA INADVERTIDA

 



UNA GRANDEZA INADVERTIDA

 
La ignorancia puede hacernos creer que sabemos algo, aun cuando la verdad se nos escape de las manos. Como pensar que entendemos un país, por ejemplo. En ciertos casos la historia y sus ciclos se alejan de la lógica y de la sensatez, porque el pasado es un recuento de hechos contradictorios. A veces el rey que ocupa el párrafo insignificante de un libro escolar, nacido a la vera de un camino, puede ser algo más. Un joven coronado sin que la estadística lo precediera: miembro de una familia disfuncional, acusado de ser amigo de sus enemigos. Acostumbrado a recuperar comarcas, a cabalgar hasta el fin del mundo sin salir de una península. Un rey que tuvo quince hijos. Un monarca medieval, presuroso y olvidado una y otra vez.
 
Hoy pareciera que no hay nada que descubrir porque todo está en una nube binaria. Por eso hablamos de norte y sur, de este y oeste, de colores políticos y enarbolamos y despreciamos banderas. Pero el origen de una nación puede depender de acciones escondidas. Como las de este Fernando que nació cuando eran reinos diversos los de León y Castilla, y la palabra Hispania era solo una antigua mención latina. Es difícil creer que un ser humano hiciera tantas cosas en tan poco tiempo; cabalgó rápido y conquistó lo que no se podía. Que para algunos fuera un azote y para otros un santo.
 
Retumban al leer su vida los afanes y las aventuras de ese tiempo convulso: sus salidas de las comarcas familiares y las peripecias en al-Ándalus. Y esa memoria de novela caballeresca es opacada por los Reyes Católicos, por su hijo Alfonso e incluso por los monarcas visigodos. Y yo sospecho que nadie me advirtió sobre aquel rey desapercibido en un párrafo, que inspiró escudos que nunca vería. Y me siento como un filisteo que al ver pasar a David no se imaginó quién sería.
 
 
Ángel Pérez Martínez
Científico titular en el CSIC, en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología en Madrid.
Es un lector empedernido y de vez en cuando escribe algún relato. Ha ganado algunos reconocimientos por sus textos, y suele mirar por las ventanas de los trenes y los aviones.
(XVIII Antología)
 
 
 
 
 


viernes, 23 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL PENSAMIENTO DE FERNANDO III EL SANTO

 



EL PENSAMIENTO DE FERNANDO III EL SANTO

 
Había de soportar un rey cinco siglos de ocupación musulmana sobre su corona para que se manifestara en mente dorada la reconquista de la península ibérica. Su espíritu indómito había de reconvertir la invasión musulmana en su trono para cobijar los territorios innatos, había de recuperar su juicio nostálgico la cultura ancestral de los cristianos. Donde hubo arquitectura visigoda, había fachadas mozárabes; donde hubo iglesias católicas para la oración, había mezquitas nazaríes con una caligrafía ilegible; donde hubo castillos con la simplicidad propia de la pureza, había palacios con intrincados detalles arabescos; donde hubo tradiciones arraigadas, había ramas que emergían con hábitos musulmanes; donde hubo lengua materna, había balbuceos y algarabías resonando en los ecos del patrimonio histórico. Donde hubo antaño una denominación cristiana en la vida de los iberos, había orígenes afuereños que denominaban la conquista de al-Ándalus.
 
Con el pecho henchido de promesa y la justicia fundida en su espada, había de unir Castilla y León para engrandecer su sombra entre los árabes, un gigante cuyo aliento serían sus tropas alentadas por la gloria. Había de someter al califato de Córdoba cuando viera en el tempestuoso asedio el fulgor de su rostro, reconvirtiendo la mezquita mayor en el esplendor de la catedral como símbolo de victoria ante sus ojos. Había de acorralar al emir de Granada cuando urdiese su estrategia política entre los muros mancillados de ultraje, sería el vasallo que pagará un tributo en cuanto rescatase de su yugo a Jaén. Había de doblegar la dinastía almohade en Sevilla cuando sucumbiese al rey invicto, redoblando su Giralda las campanas al anunciar la víspera de la extinción musulmana entre los venideros reyes y santos católicos.
 
 
Alberto Moraleja de los Santos
Madrid, 1977.
Modelador/animador 3D y escritor por vocación.
Publicaciones: del 2013 al 2016 una novela y dos poemarios autopublicados; en el 2021 publicó algunos textos y relatos como colaborador en CIESART (Cámara Internacional de Escritores y Artistas) y en la revista cultural Prometheus de Tenerife; en el 2025 una novela inédita de ciencia ficción Extrahumanos, pendiente de valoración en diversas editoriales. Actualmente escribe relatos para concursos literarios.
(XVIII Antología)
 
 
 
 


jueves, 22 de octubre de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… En Sevilla no quemó la piedra antigua, / la honró como quien reza con los ojos. / Las mezquitas siguieron respirando, / las sinagogas no cerraron su canto. / Porque entendió, como pocos, / que Dios también habla en otras lenguas…» (Cecilia Rodríguez Bové, pág. 202, «Fernando III: cruz de luz»).


miércoles, 21 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: AL-ÁNDALUS, HISPANIA, SEPHARAD Y ESPAÑA

 



AL-ÁNDALUS, HISPANIA, SEPHARAD Y ESPAÑA

 
En el basamento de mampostería que sirve de soporte a la urna donde reposan sus restos se encuentran colocados cuatro epitafios compuestos en árabe, latín, hebreo y castellano. Respectivamente se dice que conquistó al-Ándalus, Hispania, Sepharad y España. La referencia es la misma, pero varía el sentido de las visiones aunque todas ellas convergen en el rey zamorano. También hay diferencias en la fecha de su muerte que se indica en el epitafio: el año 650, el año 5012, el año 1252 y el año 1290. Y es que en un mismo territorio convivían tres religiones y cuatro calendarios: el musulmán, el judío, la era propiamente cristiana y el calendario hispánico que se manejaba en Castilla recordando la organización romana de Hispania bajo la autoridad de Octavio, que llegaría a ser el futuro emperador Augusto. Si Roma tuvo en el ahijado de César su principal constructor, España tuvo en él al ingeniero que tendió los puentes entre los diversos pueblos hispánicos. Aunque promovió las leyes en castellano, prefería el gallego para la poesía. Fue finalmente declarado santo, pero cuidó a las comunidades musulmanas y judías dentro de su reino cristiano. En una ocasión, los musulmanes asaetaron una bandera con la efigie de la Virgen en el fragor de una batalla y el rey la remendó él mismo. Antes que Isabel y Fernando, que Carlos y Felipe, él fue el sastre de España. Fue proclamado rey a la sombra de un olmo riojano y lo enterraron en Sevilla. Sevillano era un poeta que muchos siglos después cantó en el español más puro a un olmo castellano herido por el rayo, en su mitad podrido, que volvía a brotar hojas nuevas con las lluvias de abril y el sol de mayo. Se llamaba Fernando, el III de su nombre como rey, para la eternidad el Santo.
 
 
Santiago N. G.
(XVIII Antología)


martes, 20 de octubre de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… Callo por no agitar el aire a nuestro alrededor y quebrar el equilibrio frágil de la realidad efímera de su presencia. Cuando sale de la cámara, y esta es cosa que nadie sabe de él, lleva en la escarcela la hoja con lo que de noche tratamos. Al amor que me da, añade esta adehala y bendice a nuestros vástagos, las dos cesadas y los siete vivos. A mí me alaba, conocedora de sus recovecos, por limpiar sus rodillas sucias, acunar su cuerpo lleno de cicatrices y velar costras de su convalecida…» (Luisa Fernanda Rodríguez Lara, pág. 200, «Entrambas Peleas»).



lunes, 19 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: LA AUSENCIA QUE DEJASTE

 



LA AUSENCIA QUE DEJASTE

 
En el relicario de tu cuerpo incorrupto,
Fernando, tus dedos aún sostienen
la espada que nunca envainaste del todo,
como si la muerte fuera otra batalla más.
 
Dicen que hablabas con los almohades
en su propia lengua, que traducías
sus poemas de amor mientras tus ejércitos
sitiaban sus últimas fortalezas.
La historia es una amante contradictoria.
 
Tu madre, Berenguela la Grande,
te enseñó el arte de la guerra
en un tablero de ajedrez castellano:
«Hijo mío, un rey es solo
la suma de sus renuncias».
 
He contado las veces que tu nombre
aparece en el Corán de Toledo:
siete cicatrices de tinta
que los copistas no pudieron borrar.
La conquista también es una forma de amor.
 
En las noches de fiebre en Jaén
—cuenta tu confesor en secretos susurros—
mezclabas tus oraciones
con versos de Ibn Arabí,
como quien teje un tapiz con hilos prohibidos.
Ahora, ocho siglos después,
tu cuerpo sigue jugando
a la eternidad en Sevilla,
mientras los turistas fotografían
la ausencia que dejaste en cada piedra.
 
 
Manuel Alejandro del Rosario Urbin
Natural y residente en Las Palmas de Gran Canaria.
Licenciado en Traducción e Interpretación por la ULPGC, combina su labor como profesor de idiomas con una trayectoria como traductor técnico y literario.
En 2025 ha recibido los premios Mujeres Luna, Marisa Nogués Borrás, Ciudad de Arahal y Carro de Baco de dramaturgia.
Ha traducido obras históricas como Las Islas Canarias aclaradas (2009) y Canarias 700 (2012). Su poesía indaga en la relación entre tecnología, memoria e identidad.
(XVIII Antología)