«… El
rey lo miró en silencio. Luego pidió que le trajeran el código legal de las
Siete Partidas, que aún estaba en elaboración bajo el impulso de su hijo
Alfonso. Consultó también los fueros antiguos y el testimonio de testigos
cristianos y musulmanes. Los presentes guardaron silencio. Nadie se atrevía a
interrumpir al rey mientras repasaba las leyes aún no sancionadas, pero que ya
guiaban su conciencia…» (Lourdes Girón Anguiozar, pág. 82, «El perdón del
enemigo»).