viernes, 26 de junio de 2026

ANTOLOGÍA 2025: LA ORACIÓN DEL GUERRERO

 



LA ORACIÓN DEL GUERRERO
 
 
El silencio de la madrugada envolvía el campamento real, donde la respiración de los soldados se mezclaba con el susurro de las hojas agitadas por el viento. Fernando III se encontró de rodillas en la pequeña capilla improvisada. La llama temblorosa de un candelabro apenas iluminaba su figura, pero la fuerza de su espíritu parecía llenar el lugar.
 
Ante el altar, improvisado con tablas de madera, el rey dejó caer su espada. No era el arma de un conquistador cualquiera, sino el símbolo de un hombre que creía que la guerra solo se justificaba cuando traía la paz. «Señor, no busco gloria ni riquezas, sino cumplir tu voluntad en esta tierra que nos ha confiado», murmuró con fervor.
 
Las victorias pasadas desfilaban en su memoria: Córdoba, Jaén, Sevilla. Ciudades que ahora florecían bajo un reinado de leyes y tolerancia. Pero Fernando no se consideraba un héroe. Para él, cada triunfo era un recordatorio de su deber de proteger a su pueblo, de unir a los hijos de al-Ándalus y Castilla bajo un mismo cielo.
 
De pronto, una voz lo interrumpió. Era un joven paje, portador de un mensaje urgente. Las tropas esperaban órdenes, pues el amanecer traería consigo el último enfrentamiento.
 
Fernando se levantó con calma, tomó su espada y miró al joven con serenidad. «Hoy no es nuestra fuerza la que prevalecerá, sino nuestra fe. Vayamos, pues, a cumplir lo que Dios nos ha encomendado». Con esas palabras, salió al campamento, su figura recortada contra la tenue luz del amanecer. En sus ojos ardía la llama de un líder que comprendía que la verdadera victoria no estaba en la guerra, sino en la reconciliación.
 
 
 
Cliffor Jerry Herrera Castrillo
Jinotega (Nicaragua), 3 de octubre de 1994.
Doctor en Matemática Aplicada, docente universitario e investigador.
Ha sido galardonado con el premio #HilandoCiencia 2024 y reconocido como Joven Científico Innovador por el Ministerio de la Juventud.
Autor del libro Más allá del cálculo y de diversas publicaciones académicas. Su obra combina ciencia, educación y literatura con enfoque humanista.
(XVIII Antología)
 
 


jueves, 25 de junio de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Al amanecer, ordenó que se reconstruyera la ciudad, piedra por piedra. Sevilla no sería un trofeo, sino un hogar para sus habitantes. “Un rey no hereda tierras —pensó—, hereda corazones”» (sedudónimo: Romina Méndez, pág. 116, «El lamento de Sevilla»).


martes, 23 de junio de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Esa noche, al pasear por el alcázar vacío, halló en la mezquita aljama un reloj de agua detenido. Con el puño cerrado, lo golpeó hasta verter la última gota sobre el Corán que serviría de base al altar cristiano…» (Francisco Javier S., pág. 114, «Asedio eterno»).


lunes, 22 de junio de 2026

ANTOLOGÍA 2025: RES GESTAE FERDINANDUS TERTIUS

 



RES GESTAE FERDINANDUS TERTIUS
 
 
Nací rodeado de peregrinos que transportaban sueños y anhelos; a los diecinueve años, mi sangre cimentó los pilares de vuestro mundo; amé a Dios por encima de los lujos que la corte puso a mi alcance y concedí el perdón a todo infiel que lo solicitó con humildad. Recordadme así.
 
Ese mármol caprichoso donde se graba la historia narrará con pasión mis conquistas, os hará imaginar la turbia sangre de mis enemigos brillando al sol y os embaucará con todas las riquezas de sus palacios vencidos. Pero fui un hombre de paz, y ya desde muy joven me vi obligado a sofocar la infatigable hostilidad nobiliaria, a calmar ese siniestro juego de intrigas y ambiciones vacías que intentó frenar mi primer logro: unificar León y Castilla.
 
Viví amando a Dios y haciendo la guerra en su nombre. Devolví el honor a nuestra tierra usurpada, y nobles y obispos recibieron señoríos y privilegios donde seguir expandiendo el mundo luminoso, donde honrar al Dios verdadero. Tomé Jaén propagando una epidemia de hambre; contemplé Medina Azahara en ruinas y lloré ante lo efímero de la gloria; atravesé Sevilla entre vapores de azahar para plantar la cruz en la mezquita que será mi balcón a la eternidad.
 
Estas palabras jamás podrán expresar lo que sentía cuando una ciudad entera, un fiero enjambre de infieles deslenguados, claudicaba ante mi espada, ante el espíritu encendido de Santiago, ante la fuerza inapelable de Dios. Pero es mi deber hablaros. Es mi deber luchar por un legado tan grande como la propia Roma, por una tierra fiel donde mi estirpe propague mi esencia. Y más allá del confín del tiempo, allí donde se derritan las últimas estrellas cegadoras, allí donde la materia se clausure y Dios abra de nuevo las puertas de su gracia, resuene con fuerza que este humilde siervo hizo todo por vosotros. Vale.
 
 
 
Nicolás D. B.
(XVIII Antología)
 
 
 


viernes, 19 de junio de 2026

ANTOLOGÍA 2025: SEVILLA

 



SEVILLA

 
Se despertó desorientado, miró a su alrededor y fue reconociendo sus aposentos del Real Alcázar. Hacía poco que Sevilla había sido tomada por las tropas castellanas, esa ciudad que se convertiría en el nuevo hogar del rey. Dos largos años de asedio dieron su fruto; Sevilla sería el centro de operaciones desde donde se controlarían las nuevas plazas reconquistadas.
 
Su pensamiento voló libre, sin orden, enmarañado, adelante y atrás, arriba y abajo, como en una montaña rusa descontrolada. Por su mente las imágenes corrían a gran velocidad superponiéndose unas a otras: su abuelo Alfonso VIII dando el paso decisivo en la batalla de las Navas de Tolosa; la presión entre los reinos de España; un joven Fernando y sus primeros años de reinado; las diversas y sucesivas muertes, oportunas, que le permitieron portar la corona; la pacificación del reino; el fortalecimiento de su autoridad; la unión definitiva de las coronas castellana y leonesa…, y la idea de extender sus fronteras y acabar con el poder islámico.
 
Una sonrisa se dibujó en su rostro, se acercó a la ventana, miró al cielo, escudriñó el horizonte. Una pequeña nube corría hacia él haciéndole guiños con sus formas caprichosas: un pez que se convertía en barco o su espada Lobera, fiel compañera, que semejaba poco después una cruz. Esa cruz reflejo del ideal de realeza cristiano. 
 
Un hito en la historia de España, un rey gobernando para el bien de su pueblo. Sevilla, antes Ishbiliya, su última gran campaña. Su reinado, la gran expansión reconquistadora.
 
El 30 de mayo de 1252, Sevilla, su última morada, le despedía. La catedral hispalense acogió sus restos.
 
 
Lola Sánchez Lázaro
Madrid.
Historiadora.
(XVIII Antología)
 
 
 


jueves, 18 de junio de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Se dispusieron las carracas, se reforzaron con tablas remachadas con clavos de hierro. Y se lanzaron hacia el puente. Las proas avanzaron lentas pero imparables. En una de ellas iba el almirante de Castilla quien mirándolas exclamó: “Las cadenas que hoy se rompen unirán un día estas tierras, por la gloria de Castilla y de León, por la gloria del reino y de Fernando”…» (Manuel Ángel Morales Escudero, pág. 112, «Puente de Barcas»).


miércoles, 17 de junio de 2026

ANTOLOGÍA 2025: QUINCE AÑOS MÁS

 



QUINCE AÑOS MÁS
 
 
La primavera toca a su fin en la antigua capital almohade y el calor se extiende por el valle del gran río. El silencio y el dolor se adueñan del alcázar. Solo se oyen rezos y oraciones que piden por el rey para que logre vencer a la hidropesía. En los exuberantes patios, encaramados en las ramas de los naranjos, los pájaros cantan indiferentes al dolor del reino.
 
En el interior del palacio, en la semioscuridad de una gran estancia, un exhausto Fernando ha ordenado que lo vistan con un sayal blanco, que le pongan una recia soga de esparto en el cuello. Se ha arrodillado con los brazos en cruz y ha tomado la sagrada comunión de manos de Remondo, su confesor y obispo de Segovia.
 
Con los ojos febriles contempla a sus hijos, su esposa Juana y otros familiares. Portando un crucifijo, próximo a entregar su alma, pide perdón al Altísimo.
 
Un criado penetra en la estancia y cuchichea en el oído de la reina, que afirma imperceptiblemente.
 
Poco después hace su entrada Judá ben Jacob. Viste con sobriedad, se cubre con un turbante gris y luce una barba recortada. Sus grandes ojos barren la sala deteniéndose en la figura del rey.
 
La reina se acerca al recién llegado y, tras hablarle brevemente, lo acompaña hasta el monarca.
«¿Me permite?», es la única frase que pronuncia. Le observa los ojos. Le palpa las manos y los brazos. Le toma el pulso. Le toca el vientre y los tobillos. Elimina las cataplasmas, las sanguijuelas y la sal. Fruta y agua abundantes. Punciones en el vientre. Masajes y piernas elevadas.
Cada mañana, poco antes del mediodía, Judá visita al rey Fernando. Y lo que parecía imposible, termina por suceder. El buen rey se recupera de la enfermedad y las expediciones armadas invaden el norte de África, desde Orán hasta el Atlántico.
 
Alfonso deberá esperar quince años más.
 
 
José Cuenca Gómez
Adra (Almería), 1959.
Químico y profesor de secundaria jubilado.
Premios: Premio Internacional de Relato Corto de Periana; primer premio del XXIV concurso regional de cuentos y poesía Isabel Ovín; primer premio del XVI concurso de cuentos Dr. Luis Estrada; primer premio del XXIII certamen literario Valentín Sánchez; III Premio Águilas de relato breve; XXI certamen literario de narración corta Ciudad de Adra; XXXV Premio de Narración Breve UNED.
(XVIII Antología)
 
 
 
 
 
 
 


martes, 16 de junio de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Había visto morir a amigos, había enterrado soldados que lo seguían desde Toledo, desde Burgos, desde los valles de León. Sabía que al amanecer, las cadenas que cerraban el Guadalquivir caerían por fin, y Sevilla abriría sus puertas. Podía sentirlo. No por las estrategias, sino porque Dios lo había confirmado en el silencio del alma…» (María Lacárcel López, pág. 110, «La noche del santo»).


lunes, 15 de junio de 2026

ANTOLOGÍA 2025: DESEMBOCADURA DE UN SUEÑO

 



DESEMBOCADURA DE UN SUEÑO 

 
¿Adónde irá este río? Desde el día
que lo vi en Córdoba besando el puente
con ese nombre moro que sabía
 
a flor de oasis y alminar de oriente,
desde ese día quise ser barquilla
que fuese conquistando su corriente.
 
Y ahora que por fin llego a Sevilla
y son iglesias ya los alminares,
parece todavía que la quilla
 
sigue queriendo descubrir lugares,
parece que este río vagabundo
quiere soñar con navegar los mares.
 
¿Adónde? ¿Adónde irá? ¿Qué nuevo mundo
intuye en la remota lontananza?
¿Qué non plus ultra incógnito y fecundo
 
aspira a ser plus ultra de esperanza?
Busca un cauce en el mar, busca un camino,
un nuevo curso y una nueva andanza.
 
Para mí no será: yo ya declino.
Mas me tiemblan de gozo las entrañas
con la corazonada de un destino
 
que alcance, al término de mil hazañas,
que Castilla se vuelva España un día
y España se convierta en las Españas.
 
Españas al oriente, al mediodía,
al este, al cielo, a Dios… Españas nuevas
que agranden y embellezcan más la mía.
 
Y tú, Guadalquivir, que al mar te llevas
la secreta semilla de Castilla,
siémbrala allá donde mejor te atrevas
 
a avistar otro reino y otra orilla,
otro sol, otros ríos y otros montes.
Y, mientras, yo me dormiré en Sevilla
a soñar con Giraldas y horizontes.
 
 
Daniel Cotta Lobato
Nació en Málaga en 1974.
Es profesor de Lengua y Literatura Españolas en un instituto de educación secundaria de Córdoba.
Ha publicado ensayo, Historia secreta de la literatura española (Almuzara, 2024); novela histórica, Verdugos de la media luna (Almuzara, 2018), y poesía, Alpinistas de Marte (Pre-Textos, 2020).
(XVIII Antología)
 
 
 


viernes, 12 de junio de 2026

ANTOLOGÍA 2025: LA TOMA DE SEVILLA



LA TOMA DE SEVILLA

 

Bajo el peso de siglos dormía Sevilla,
río de sangre y oro susurraba en el río sagrado.
La muralla, herida, temblaba en la noche callada,
y en el cielo la cruz aún aguardaba su signo.
 
Cabalgaba el santo rey, férreo y silencioso,
alzando esperanza donde el miedo tejía sombras.
El polvo de la tierra clamaba su nombre:
Fernando, el que vuelve la luz a la piedra.
 
El viento traía presagios de liberación,
el eco de oraciones que subían como humo,
y en los pechos de hierro de sus hombres
latía un solo deseo: devolver a Sevilla su alma.
 
Largos meses de asedio, de hambre, de rezos,
luchando contra el muro y contra el tiempo,
hasta que el alba abrió los muros rendidos,
y la fe incendió las almenas.
 
La Giralda, aún mora, vio izarse la cruz,
y el Guadalquivir entonó cánticos de victoria.
Sevilla abrió su corazón rendido y puro
bajo el estandarte del rey santo.
 
No hubo alarido, ni furia, ni venganza,
solo rodillas dobladas en suelo rendido
y labios murmurando el nombre de Dios
bajo un cielo nuevo, limpio de heridas.
 
Fernando no alzó su espada, sino su alma,
y en silencio, ante el altar improvisado,
entregó a Sevilla no una conquista,
sino una promesa de eternidad.
 
 
Francisco Javier P. S.
(XVIII Antología)