«… Y cuando Fernando exhaló su
último aliento, no lo hizo en latín, ni en romance, ni en árabe, ni en hebreo,
sino en una lengua que aún no existía, pero que ya lo soñaba» (Javier y José
Antonio B., pág. 210, «El juicio de Fernando III»).
«… Y cuando Fernando exhaló su
último aliento, no lo hizo en latín, ni en romance, ni en árabe, ni en hebreo,
sino en una lengua que aún no existía, pero que ya lo soñaba» (Javier y José
Antonio B., pág. 210, «El juicio de Fernando III»).
«Fernando
no lo dudó, abrazaba la cruz con el mismo ímpetu que blandía la espada o la
pluma, y si sus primeras enseñanzas infantiles estuvieron tuteladas por el
latín, tenía la certeza de que el castellano, ese que se había convertido en
lengua vehicular de todos los estratos del pueblo, debía de tomar
definitivamente el relevo…» (Manuel Laespada Vizcaíno, pág. 208, «Con ese mismo
ímpetu»).
«… Al morir, pidió que lo
vistieran con sayal / y sobre su pecho pusieran tres libros: / un misal
mozárabe con letras de oro, / un Corán traducido por monjes de Ripoll / y los
salmos en hebreo que rabí Ezra / iluminó con pájaros de Sefarad…» (Miguel Ángel
Sánchez Romero, pág. 204, «Ferdinandus rex: cantar de tres aguas»).
«… En Sevilla no quemó la piedra
antigua, / la honró como quien reza con los ojos. / Las mezquitas siguieron
respirando, / las sinagogas no cerraron su canto. / Porque entendió, como
pocos, / que Dios también habla en otras lenguas…» (Cecilia Rodríguez Bové,
pág. 202, «Fernando III: cruz de luz»).
«… Callo por no agitar el aire a nuestro alrededor y quebrar el equilibrio
frágil de la realidad efímera de su presencia. Cuando sale de la cámara, y esta es cosa que
nadie sabe de él, lleva en la escarcela la hoja con lo que de noche tratamos.
Al amor que me da, añade esta adehala y bendice a nuestros vástagos, las dos
cesadas y los siete vivos. A mí me alaba, conocedora de sus recovecos, por
limpiar sus rodillas sucias, acunar su cuerpo lleno de cicatrices y velar
costras de su convalecida…» (Luisa Fernanda Rodríguez Lara, pág. 200,
«Entrambas Peleas»).