martes, 24 de marzo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Es su afán levantar agujas que buscan el cielo, atraer brazos que labren los huertos, soldar coronas con mano firme, dirimir pleitos con equidad bajo el amparo del fuero. Un designio constante: la obsesión por “facer Hispania”, por dar cuerpo y espíritu a esa idea ancestral que resucita de entre los siglos…» (Jorge J. Codina, pág. 62, «Miles Christi»).


lunes, 23 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL PERDÓN DEL ENEMIGO



EL PERDÓN DEL ENEMIGO
 
 
Tras la toma de Córdoba en 1236, uno de sus nobles —envalentonado por el fervor de la victoria— capturó a un alfaquí musulmán acusado de haber colaborado con la defensa de la ciudad. Lo presentó ante su rey, Fernando III, con la intención de ejecutarlo públicamente. El sabio, de mirada firme, pero sin arrogancia, no suplicó. Solo pidió ser juzgado conforme a la ley.
 
El rey lo miró en silencio. Luego pidió que le trajeran el código legal de las Siete Partidas, que aún estaba en elaboración bajo el impulso de su hijo Alfonso. Consultó también los fueros antiguos y el testimonio de testigos cristianos y musulmanes. Los presentes guardaron silencio. Nadie se atrevía a interrumpir al rey mientras repasaba las leyes aún no sancionadas, pero que ya guiaban su conciencia. Fernando meditó con la mirada fija en el pergamino y el alma atenta a algo más alto que la política. Finalmente, alzó la vista y declaró:
—No será la sangre quien me haga justo, sino la verdad —y añadió con voz serena—:
Este hombre defendió su ciudad como tú defenderías la tuya. No es traidor, es leal a su mundo. Y la lealtad, aunque no sea a mi causa, no puede ser delito.
 
Ordenó su liberación inmediata, y lo escoltaron hasta la puerta con dignidad. El alfaquí, al cruzar el umbral, se volvió y dijo:
—Hoy vi reinar la justicia.
El noble protestó indignado.
—¡Es enemigo del reino, mi señor!
Fernando respondió:
—Ya no. Hoy ha sido juzgado y hoy es libre. Si no protegemos al vencido, no merecimos la victoria.
 
Aquella decisión no llenó plazas ni buscó vítores, pero se susurró en sinagogas, madrasas y templos. No fue popular, fue eterna. No fue aclamada, fue sagrada. Y el cielo, en silencio, la escribió entre sus prodigios. Y en ese instante, sin relámpagos ni milagros, la justicia se volvió oración.
 
 
Lourdes Girón Anguiozar
Doctora en Arqueología (UCA), especialista en cerámica romana, arqueología clásica y estudios de género. Ha participado en excavaciones en Pompeya, Italia, Sicilia y la bahía de Cádiz, y ha dirigido proyectos internacionales en Italia. También ha coordinado cursos de arqueología subacuática y ha centrado parte de su investigación en el papel de las mujeres en la arqueología.
Publicaciones: La villa de las diosas (2022), una novela con enfoque histórico y feminista.
(XVIII Antología)
 
 
 

viernes, 20 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: POSTRIMERÍAS: INFIERNO Y GLORIA

 



POSTRIMERÍAS: INFIERNO Y GLORIA
 
 
El día en que el rey Fernando dio su espíritu fue también el último para mí. Le siguió una noche de letanías y tañidos velando sus armas, su cuerpo yacente, y recordando el juramento dado a él, al rey, a mi padre. En cambio, cuando mi madre murió, no pude despedirme de ella.
 
Aconteció mientras conquistábamos Córdoba. Yo era apenas un niño. Él sabía que yo no sería el mejor heredero, pues mi naturaleza se inclinaba más hacia la poesía y la música, pero quiso templarme como tal llevándome consigo a los consejos y a las contiendas. Bastante me habían ablandado ya en la Galicia, húmeda y levantisca tierra a la que me llevaron a criar, sabe Dios por qué.
 
Rendimos la vieja capital de los Omeya. Su emir se inclinó ante mi padre entregándole las llaves y, en la mezquita, aparecieron las deshonradas campanas de la catedral de Santiago, arrebatadas siglos ha. Mi padre, el rey, ordenó su inmediata restitución y que, además, debía ser el infante de Castilla en persona quien guiase la columna de presos que las arrastrarían. Era absurdo. Yo quería continuar en la guerra para ser digno de él o bien volver a casa para llorar a mi madre. Sí, las nieblas del norte quizá habían reblandecido mi ánimo. Ese día obedecí, pero renegué de él y lo maldije. Sin embargo, cuando las campanas volvieron a repicar en la tumba del apóstol, Galicia entera se amistó con nosotros para siempre.
 
El arzobispo tomó la corona y pronunció la fórmula, pero en mi mente solo estaban las palabras que él me hizo jurar: «Si supieras guardar esta tierra, serías tan buen rey como yo. Y, si ganases más, mejor que yo». Dije amén tres veces: una a Dios, otra a mi padre y otra a mí mismo. Él me sigue hablando. «Los reinos se ganan por la espada, mas solo la pluma los puede hacer perdurar». Amén, padre.
Adeus, meu pai.
 
 
Roberto M. Ballarín
Físico y poeta.
Trabaja en investigación aplicada.
Autor del poemario Los pájaros del verano; su obra narrativa explora las preguntas sin respuesta, la metafísica y los misterios de la existencia con influencias del realismo fantástico, la literatura de lo insólito y los universos de Kafka, Borges y Ana María Matute; su obra científica, por su parte, intenta abordar la intrafísica, las aplicaciones prácticas de neutrones y otras partículas subatómicas y, en general, todo tipo de respuestas sin pregunta, aparentemente, con aún menor éxito.
(XVIII Antología)
 
 
 

jueves, 19 de marzo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«¿Será demasiado joven? ¿Ha llegado realmente su momento? La corona, tan pesada en mis manos, parece temblar, como si también temiera lo que se avecina. ¿Le estaré entregando un reino o una carga? Mi corazón late con fuerza, y una sombra de duda me embarga. No quiero que mi querido hijo, Fernando, se vea sobrepasado por lo que está por venir…» (Paula Hernández Burguete, pág. 60, «Berenguela»).


miércoles, 18 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: LAS LLAVES DE CÓRDOBA

 


LAS LLAVES DE CÓRDOBA
 
 
Las llaves de Córdoba cuelgan del aire en un gesto suspendido, como el último suspiro de un mundo que se disuelve. En la quietud de la mezquita, donde el eco de siglos se entrelaza con las sombras de lo sagrado, veo a Fernando III el Santo, su aureola de luz atrapando la gloria de un instante. Las llaves, frías y metálicas, como la mano que las sostiene, se entregan sin resistencia. ¿Quién las da y quién las recibe? No solo un monarca, sino la historia misma que se arrodilla ante un poder que viene de lo divino. El musulmán, con la mirada baja, ya no lucha; su rendición es un susurro, un acto de sumisión al destino escrito en las estrellas y en la espada.
 
Y yo, que camino bajo estos cielos que él conquistó, siento el peso de esos gestos antiguos. No puedo evitar preguntarme si hay algo más que la guerra en estas llaves. Tal vez, en su traspaso, no solo se abre la ciudad, sino también un abismo de contradicciones: la fe que divide, la guerra que santifica, el pasado que no se olvida. ¿Cuántas veces, al cruzar el umbral de estas puertas, he sentido su presencia, silenciosa y eterna, como el viento que mueve las hojas de los olivos en los patios callados de esta tierra?
 
Las llaves, ahora quietas en la pintura, ya no tienen dueño. Y, sin embargo, me entregan algo más profundo que el hierro de su forja. Son las llaves de todos los que vivimos aquí, de todos los que hemos sido y seremos, porque en este gesto de conquista, quizá, hay algo de la humanidad misma: la necesidad de abrir o cerrar, de ganar o perder, de entregarse o resistir.
 
 
Manuel Bermúdez Vázquez
Lucena (Córdoba), 1978.
Doctor en Filosofía y profesor titular de Filosofía de la Universidad de Córdoba donde trabaja desde el año 2008.
Licenciado en Humanidades (UCO) y en Filosofía (UNED).
Premio extraordinario de licenciatura en el año 2000; premio extraordinario de doctorado en el año 2005; premio Leocadio Martín Mingorance en el año 2007 y premio de la Cátedra Intercultural de la UCO en 2023.
(XVIII Antología)
 
 

martes, 17 de marzo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Dicen “rey” bajo el viejo olmo y los gallardetes se alzan. Hablan de mí. Me celebran. Mi madre, con un gesto apenas visible, me pide levantar la cabeza. Es casi una desconocida, pero daría la vida por ella. Por defenderla le doy la espalda a mi padre, al que también quiero. Por ella renuncio a una vida libre…» (Esther Martínez Membrives, pág. 58, «Bajo el olmo»).


lunes, 16 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: CÓRDOBA: UN SUEÑO DE FERNANDO

 



CÓRDOBA: UN SUEÑO DE FERNANDO
 
 
Tercero de su nombre, el rey Fernando
sueña despierto las cálidas encinas,
azahares de naranjo y limonero,
de al-Ándalus olores y caricias
cuando mensajes de Córdoba llegan:
cristianos han tomado la Axarquía.
 
Y Fernando cabalga.
 
Sembrados de Castillas y Leones,
baja caminos, roca mesetaria,
tierras de Extremadura leonesa
y de los Campos Góticos cañadas,
piedra manchega de aridez de soles,
secarral de riberas y esperanzas.
 
Y Fernando cabalga.
 
Atrás queda del norte la mar brava,
orballo y bruma gris de amanecida,
mares de cereal, olas de trigo,
nieve blanda y azul del Guadarrama.
Muradal de las Navas orgulloso,
y de trochas y blancos: Alpujarras.
 
Y Fernando cabalga.
 
Mira hacia el sur el rey, y ya le envuelven
de la sultana Córdoba las brisas,
arrayanes y azahar, ciprés y lima;
del agua los susurros y bonanzas,
y de las torres, oración de piedra,
y de mil arcos, las rojizas lascas.
 
Y Fernando cabalga.
 
De Compostela las viejas campanas,
a hombros de mil cautivos viajeras,
luminarias de sol en la mezquita,
mudas esperan que amanezca el alba
que soñaron los reinos y los hombres,
y repicar con nuevas notas santas.
 
Y Fernando cabalga.
 
¡Ay, Córdoba!, callados alminares,
almuédanos sin voz, silencios graves.
¡Ay, Córdoba!, palacios de califas
sueño de Abderramanes y sultanas.
Corre el Guadalquivir, aguas de espera,
musulmán y cristiano en sus gargantas.
 
Y Fernando cabalga.
 
¡Ay, Córdoba!, filigrana de plata,
solloza el moro desde la mezquita,
las llaves de las puertas en sus manos,
esperando las manos de Castilla.
¡Levanta ya el asedio, rey Fernando,
que te entrego de mi alma la alegría!
 
Y Fernando la abraza enamorado,
que es Córdoba la llana, la cautiva,
rincón de sus fatigas y desvelos,
sur de sus ambiciones y conquistas.
 
 
María Teresa Mendiguchía González
Elche (Alicante), 1948.
Licenciada en Derecho.
Funcionaria de profesión hasta su jubilación y escritora por afición desde que tiene recuerdos.
(XVIII Antología)


viernes, 13 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: UN NUEVO REINO

 



UN NUEVO REINO
 
 
Fernando contempla el sol a poniente, así se ve, un astro luminoso que declina, que se sumerge en la infinitud del mundo, que desaparece.
 
La resistencia ha sido tenaz, tanto que, humillado, ha sido forzoso levantar el sitio y regresar a Toledo. El polvo del camino en ese final del verano se extiende como una nube dorada alrededor de la tropa. Tan porfiado como los de Jaén, se empeña en cubrir sus ropajes, tintar sus cabellos, en cegarles cuando el viento azota sus rostros. Hace ya varias jornadas que cruzaron los campos de Las Navas. A las sensaciones de vergüenza y fracaso se ha unido la tristeza. Allí fue donde su abuelo Alfonso asestó a los moros su mayor derrota; él, sin embargo, aunque también ha ganado batallas, jamás llegará a alcanzar la gloria de su antepasado.
 
Las voces de alarma lo arrancan de su postración. Unos jinetes se acercan desde el cercano castillo de Guadalerzas, desmontan agitados, traen noticias. Fernando rasga el sello de la reina Berenguela y lee las palabras de su madre. El Señor arrebata. El Señor otorga. Si le ha privado de la victoria que le habría abierto las puertas de al-Ándalus, a cambio le ofrece un nuevo reino. Su padre, el rey de León, ha muerto.
 
Esa noche no habrá descanso; cabalgan bajo la fría luz de la luna, sus pálidas sombras se deforman sobre las grises ondulaciones de la tierra castellana. Al amanecer arriban a Orgaz, donde les aguarda Berenguela. La reina le recibe con un abrazo y un fulgor en los ojos que le anuncia lo que está por venir. «Es tu momento, hijo mío. La corona es tuya, ve por ella». Y Fernando inclina la cabeza para que su madre lo bendiga con un beso en la frente. El rey embrida unas lágrimas de emoción y después respira hondo. El Señor no le ha desatendido, solo tiene que alargar la mano. El futuro es suyo. Otra vez.
 
 
 
Roberto Sánchez
Natural de Barakaldo (Bilbao cae cerca), la en tiempos llamada ciudad fabril.
Estudió Ingeniería Industrial y ejerce su profesión en una empresa siderúrgica cercana a la capital vizcaína.
Ha participado en publicaciones colectivas y recibido algunos premios por sus relatos como el de ganador del XXXII concurso de cuentos Ciudad de Tudela.
Aficionado a la lectura, a escribir e imaginar.
(XVIII Antología)
 
 
 
 

jueves, 12 de marzo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Él, que unificó coronas con la tenacidad del orfebre y la visión del estratega, yace en la urna de plata sobredorada, pero su verdadera tumba es el reino mismo, ensamblado pieza a pieza con la argamasa de la ley y la oración. Las crónicas hablan del guerrero, del rey justo, del padre de un sabio. Pero la piedra susurra otra verdad: la del hombre arrodillado en la penumbra, ofreciendo victorias a un dios que exigía más que sangre y tributos. Exigía el alma entera...» (Pablo Miguel Argudo, pág. 56, «El eco en la piedra»).


miércoles, 11 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL HIJO MORO

 



EL HIJO MORO
 
 
Una tarde de primavera, mientras los capitanes de la mesnada andaban a la busca de una planicie elevada donde acampar y emplazar la tienda mayor, uno de los caballeros que formaban la escolta principal se llegó hasta el rey y le comunicó que venía desde Baeza con una misiva inaudita del emir al-Bayyasi: le ofrecía paso franco a la ciudad si el monarca castellano se dignaba visitarlo en privado. Fernando III quedó pensativo unos segundos y luego mostró un leve asentimiento. Ante tal posibilidad, tanto el capitán don Alvar Pérez de Castro como don Pero de Guzmán se apresuraron a advertir al rey de una probable estratagema de los moros para tomarle cautivo, quedando desguarnecido y amparado tan solo por la providencia de Dios. Don Fernando contestó que en tal caso aquella sería su mejor escolta y que, conociendo la nobleza del emir, confiaba en que de esa audiencia no saldría sino algún beneficio.
 
Cuando el rey castellano penetró en los aposentos privados del alcázar encontró al emir postrado ante sus pies. Aquel le tendió entonces la mano para que se incorporara y, al hacerlo, al-Bayyasi mostró sus ojos anegados en lágrimas. Cuando don Fernando le preguntó a qué era debida su congoja, el emir almohade le dijo que su hijo primogénito había enloquecido durante la noche a causa de un mal sueño y le aseguraba que tan solo el más grande y noble de los reyes cristianos podía curar su locura. Don Fernando accedió a visitar la alcoba del muchacho y, cuando estuvo delante de Abd al-Mon, este se apresuró a tocar el manto del rey tal como, según decía, Dios le había mandado hacer en sueños.
  
Cuando poco tiempo después el emir de Baeza murió traicionado en Sevilla, Fernando III de Castilla tomó en adopción a Abd al-Mon y este se convirtió a la fe de su nuevo padre y rey.
 
 
Antonio Burgos Peñasco
Nació en Ciudad Real el 15 de abril de 1958.
Escritor, dramaturgo y actor de teatro aficionado.
Publicaciones: las novelas Leyenda de al-Ándalus, Memoria sobre cristal quebrado y La causa del gorrión; numerosos cuentos y relatos y dos obras de teatro largas, El extraño viaje de un retrato apuñalado (comedia en dos actos desarrollada en un tren) y Escuela de sabandijas (sátira sobre el mal periodismo); así como numerosas piezas de teatro breve, varias de las cuales han sido premiadas en certámenes y llevadas a escena.
(XVIII Antología)