Llegó el buen tiempo de abril, temporada de campaña. Atrás quedaron los fríos que muerden las carnes, que hielan las barbas, que pelan los dedos expuestos. En estos días claros se atisba de lejos al adversario, y el campo está cuajado de hierba nueva que nutre al jumento. La invernada ha sido eterna, aunque no ociosa. Ahora toca salir.
Cruzamos los recios muros del Alficén con una alegre tamborada que inflama el ánimo de mi hueste. Dejamos Toledo atrás. Los hombres me siguen sonrientes, la tripa llena de queso, pan caliente y huevos asados. Varones fuertes, lo mejor de Castilla, sangre intrépida y temerosa de Dios. Sé que muchos no volverán.
Pero esta empresa bien vale el denuedo. Será quizá la mayor que acometa en mi vida: recuperar España a la fe de Cristo y a la gloria de Nuestra Señora la madre de Dios, que siempre ha guiado mis pasos, que si hoy vivo es por ella, pues me sanó de mis terribles males de vientre en mi infancia montesina.
De nuevo ampárame, Señora mía, en este año de 1224, era 1186. Sepa yo vencer a tus enemigos, ya por filo de espada, ya por pactos y palabras. No será breve la campaña, lo preveo; puede que ocupe el resto de mis años, pues son muchas las plazas —Jaén, Murcia, Córdoba, Sevilla— bastiones de robustos muros y bien sostenidos.
Todos elegimos, más pronto o más tarde, a qué dedicamos el tiempo que se nos da. Yo te lo brindo a ti, Madre, todo él, cada hora y esfuerzo, toda herida y victoria. Es tuyo. Sea tal el signo de mi campaña, mi noble fin; que sean mis hijos quienes juzguen si fue un huero empeño o si dio frutos. Para mí, el valor reside ya en el solo propósito.
Juan Antonio Caro Cals
Nació en Sevilla en 1978.
Estudió Arquitectura y es dueño de la web Planoscartapuebla.com, a través de la cual vende cartografía urbana histórica recreada.
Publicaciones: Señores de godos (Jirones de Azul) y Béndelet (Click Ediciones). Actualmente escribe una serie de aventuras de la prehistoria ibérica llamada Cuentos argáricos.