viernes, 8 de mayo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: ASEDIO ETERNO

 


ASEDIO ETERNO

 
Fernando III sintió el peso de la lluvia en el yelmo mientras observaba las murallas de Sevilla desde Alcalá del Río. Era agosto de 1247, y el Guadalquivir llevaba en sus aguas el jadeo de dieciséis naves cántabras construidas para romper el puente de Barcas.
 
«Sin el río, la ciudad es un león sin garras», murmuró al almirante Bonifaz, cuyo rostro quemado reflejaba meses de batallas fluviales contra las cadenas musulmanas.
 
En el campamento de Tablada, donde soldados gallegos y vizcaínos compartían fogatas con carpinteros mudéjares, el rey trazó sobre un pergamino mojado la estrategia final: «Aislaremos el Aljarafe. Hambrearemos sus torres».
 
Las catapultas lanzaban piedras marcadas con cruces, mientras frailes franciscanos entonaban el Vexilla Regis entre heridos moriscos.
 
«Ni alcázares compartidos ni tributos a medias», rugió Fernando blandiendo la espada que había fundido campanas para Jaén. Cuando las naves de Bonifaz quebraron el puente en mayo, el gemido de las cadenas rotas se confundió con el llanto de las mujeres musulmanas que tejían mortajas en Triana.
 
En noviembre, al recibir las llaves de la ciudad entre olivares calcinados, el rey ordenó: «Que los vencidos lleven sus libros y sus hijos».
 
 
Al morir en 1252, vestido con sayal de esclavo, sus últimas palabras fueron para el obispo Remondo: «El tiempo ahora es de Dios. Mis horas fueron campanas de guerra».
 
Bajo la losa desnuda de la catedral, el silencio guarda aún el eco de aquellas clepsidras rotas que midieron un reinado forjado entre salmos y acero.

 
Francisco Javier S.
(XVIII Antología)
 
 
 
 
 


jueves, 7 de mayo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«El rey Fernando ha ordenado que desalojen la mezquita de Córdoba; precisa de un momento a solas para poder meditar en silencio y encuentra que, bajo la arboleda de los arcos del templo, podrá hallar el sosiego buscado. Otro monarca se mostraría ufano de sus triunfos y buscaría el agrado y veneración de los suyos, pero él solo quiere detenerse a evaluar la enormidad de la tarea inconclusa. Aunque ciñe las coronas de Castilla y de León, en el alma se sabe rey de una España aún desmadejada…» (Héctor Daniel Olivera Campos, pág. 86, «España ha vuelto»).


miércoles, 6 de mayo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: PUENTE DE BARCAS

 



PUENTE DE BARCAS

 
—Mirad. Yo os digo que mientras el puente de Barcas no caiga, no podremos reconquistar la ciudad, pues todo lo que en Hispalis se necesita lo trae ese puente. Mirad lo que os digo porque aquí y ahora se juega el destino del reino.
 
Ramón de Bonifaz escuchaba atentamente las reflexiones del rey Fernando. Sabía que era factible si se hacía con la fuerza suficiente.
—Yo lo haré, majestad. Embestiré con mis naves.
 
Las carracas eran las ideales. Pesadas pero altas, útiles para la carga, aunque no para la guerra: los instrumentos perfectos para romper las viejas maromas de esparto, las duras tablas reforzadas del puente, las cadenas de hierro que bajaban hasta el fondo del río.
 
—Una vez lanzadas no podrán detenerlas: chocarán con toda su fuerza contra el puente. Si el primer golpe no acaba con él, sin duda el segundo lo hará.
 
Se dispusieron las carracas, se reforzaron con tablas remachadas con clavos de hierro. Y se lanzaron hacia el puente. Las proas avanzaron lentas pero imparables. En una de ellas iba el almirante de Castilla quien mirándolas exclamó: «Las cadenas que hoy se rompen unirán un día estas tierras, por la gloria de Castilla y de León, por la gloria del reino y de Fernando».
 
Y un estruendo de clavos que saltaban, de tablas que crujían y de hierros que se partían afirmaron entonces que no habría vuelta atrás ese día y tampoco al otro y al siguiente hacia la tierra que un día sería la España unificada.
 
 
Manuel Ángel Morales Escudero
Ponferrada, 1968.
Catedrático de secundaria y crítico literario. Vocal de la Asociación Española de Críticos Literarios (AECL) y secretario de la Asociación Internacional de Críticos Literarios (AICL).
Premios: Galtellì Literary Prize 2019, III edizione en honor a la Premio Nobel de Literatura Grazia Deledda y María Eloísa García Lorca 2024 de poesía.
Colabora en el suplemento cultural del Diario de Córdoba, Cuadernos del Sur.
(XVIII Antología)
 
 


martes, 5 de mayo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… Entra despacio bajo los arcos ancestrales. No siente la gloria hueca de los conquistadores, sino la solemne alegría de quien restituye un latido antiguo. La mezquita, inmensa, le recibe como una promesa: columnas de luz filtrándose entre sombras que ya no gobiernan. Córdoba vuelve a ser de los suyos. No como herida, sino como aurora…» (Carlos Molinero Ruiz, pág. 84, «La aurora sobre Córdoba»).

 


lunes, 4 de mayo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: LA NOCHE DEL SANTO

 



LA NOCHE DEL SANTO

 
La ciudad dormía y, más allá de sus murallas, la historia velaba.
Era el año de 1248, y Sevilla seguía en pie. Hacía más de un año que la rodeaban estandartes cristianos, pero aún ardía en ella el orgullo de al-Ándalus.
En una tienda sencilla, apenas iluminada por una vela temblorosa, el rey Fernando arrodillaba su cuerpo como lo haría un siervo. El mundo lo llamaba rey, pero esa noche no llevaba corona; llevaba cilicio bajo el jubón, y en sus labios no había órdenes, sino salmos.
Había visto morir a amigos, había enterrado soldados que lo seguían desde Toledo, desde Burgos, desde los valles de León. Sabía que al amanecer, las cadenas que cerraban el Guadalquivir caerían por fin, y Sevilla abriría sus puertas. Podía sentirlo. No por las estrategias, sino porque Dios lo había confirmado en el silencio del alma.
Esa noche no durmió. Se acercó solo, descalzo, hasta la ribera del río. El agua corría como un cántico en lengua extraña, y el reflejo de la luna pintaba la silueta de la Giralda. Allí, sin testigos, sin escudo ni espada, Fernando lloró.
Lloró por los vencidos, por los que morirían al alba, por los niños que crecerían en una ciudad cambiada, por los imanes que ya no llamarían desde el alminar. Lloró como solo un verdadero rey puede hacerlo: no por él, sino por todos.
Y al volver, al amanecer, ya no era solo Fernando de Castilla ni Fernando de León. Era Fernando el Santo.
Cuando entró a la ciudad no alzó la voz, alzó la cruz. Mandó limpiar la gran mezquita, no para humillar, sino para transformar… El pueblo lo miró sin comprender del todo. ¿Era un rey?, ¿un fraile?, ¿un peregrino? Era las tres cosas. Y más.
Años más tarde, cuando la muerte lo encontró, no la rehusó, le abrió la puerta como a una amiga antigua y en la catedral que había salvado del olvido descansó.
 
 
María Lacárcel López
Murcia.
En redes como @revolucionenverso, es educadora social y doctoranda en Educación.
Premios: I certamen literario del Centro de la Mujer Victoria Kent por Raíces de fuego y el certamen internacional Versos desde el Corazón X por el poema «Cuando me miras». También ha sido reconocida por su investigación en los Premios a los Mejores Trabajos Académicos en Igualdad y Violencia de Género.  
Publica poesía semanalmente en La Biznaga (Sureste Press).
(XVIII Antología)
 


jueves, 30 de abril de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… El rey lo miró en silencio. Luego pidió que le trajeran el código legal de las Siete Partidas, que aún estaba en elaboración bajo el impulso de su hijo Alfonso. Consultó también los fueros antiguos y el testimonio de testigos cristianos y musulmanes. Los presentes guardaron silencio. Nadie se atrevía a interrumpir al rey mientras repasaba las leyes aún no sancionadas, pero que ya guiaban su conciencia…» (Lourdes Girón Anguiozar, pág. 82, «El perdón del enemigo»).


miércoles, 29 de abril de 2026

ANTOLOGÍA 2025: PONTEM, NON MURUM

 



PONTEM, NON MURUM

 

No fue empresa liviana, madre, juntar lo que nació escindido. Dos reinos, dos lenguas, dos memorias: en ocasiones dóciles como ríos mansos, en otras fieras cual bestias enfrentadas. Castilla fue mi cuna; León, mi sino. Siempre temí que amar a uno fuera deslealtad hacia el otro.
 
No, madre, no fue fácil reconciliar las crónicas de nuestros pueblos sin mancillarlas. ¿Qué me hacía creer que podría llevar sobre esta testa indigna el peso de dos coronas sin desfallecer? Y, sin embargo, con la gracia de Dios, lo hice. No con estrépito, sino con perseverancia. No por fuerza, sino con paciencia y oración.
 
Muchas veces, en las vigilias de la noche, pensaba en vos. En cómo urdisteis con recogimiento el trayecto de mi alma, guiándome con hilos invisibles hacia el buen camino.
 
Tal como me enseñasteis, procuré ser puente y no muralla. Hoy, al firmar como rey de Castilla y de León, no siento poder, sino temor: el de quebrar lo que tantas generaciones levantaron con lágrimas y fe.
 
Y si algún día alguien os inquiere por vuestro hijo, no digáis que conquistó ciudades. Decid más bien que fue siervo del Altísimo, piadoso con los suyos, justo en su obrar... y, si lo merece, que fue tenido por santo.
 
  
Elena B. R.
(XVIII Antología)
 
 

martes, 28 de abril de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… El arzobispo tomó la corona y pronunció la fórmula, pero en mi mente solo estaban las palabras que él me hizo jurar: “Si supieras guardar esta tierra, serías tan buen rey como yo. Y, si ganases más, mejor que yo”. Dije amén tres veces: una a Dios, otra a mi padre y otra a mí mismo. Él me sigue hablando. “Los reinos se ganan por la espada, mas solo la pluma los puede hacer perdurar”…» (Roberto M. Ballarín, pág. 80, «Postrimerías: infierno y gloria»).

 


lunes, 27 de abril de 2026

ANTOLOGÍA 2025: VOTO DE PIEDRA

 



VOTO DE PIEDRA

 
La piedra huele a humedad y a siglos. Camino entre columnas inacabadas, y el eco de mis pasos se alza como un rezo en la penumbra. La catedral aún es una promesa, como lo fue este reino, como lo es mi destino.
 
Mis manos, curtidas por la guerra, rozan el frío mármol del altar. Veo en él las sombras de los que han caído: caballeros envueltos en sangre, estandartes vencidos en el lodo. En la batalla, el acero choca como el rugido de tormentas; la carne arde como madera seca. La guerra es un fuego que devora, pero a veces de las cenizas nace la esperanza.
«Señor, dame fuerzas», murmuro.
Cierro los ojos y escucho el silencio. No el de la muerte, sino el de la construcción, el de la fe. La piedra y la madera esperan, como mi pueblo espera. He vencido, pero no solo con espada. No basta tomar una ciudad; hay que levantarla de nuevo.
Mañana Sevilla será mía. Hoy, me entrego a algo más grande que la guerra. Que este reino sea justo. Que la historia no me recuerde solo por mi acero, sino por lo que edifiqué.
Las velas titilan. La catedral aún no está terminada. Tampoco yo.
 
 
Evelyn Megias
Badalona, 1990. 
Economista por la Universitat de Barcelona.
Descubrió su vocación narrativa desde niña cuando los cuentos se convirtieron en su refugio y en una forma de entender el mundo.
Premios: II Concurso Markerrelatos (2024); el Premi Joles Sennell de conte infantil (2025) y el XXIII Premi Literari Solstici (2025), entre otros.
Participó en la edición especial Dioses y monstruos por los veintinueve años de Letralia. 
(XVIII Antología)
 
 

viernes, 24 de abril de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL SUSURRO DE LA RECONQUISTA

 



EL SUSURRO DE LA RECONQUISTA
 
El sol despierta las almenas,
tiñe de oro la Giralda.
Fernando camina despacio,
sus pasos pesan más que su espada.
No pide victorias,
ni coronas de laurel.
Pide paz,
que florezcan los campos secos,
que callen las espadas.
Ve a Alfonso, su hijo,
junto al estandarte de Castilla.
Le posa la mano en el hombro
y susurra:
«No somos dueños de la tierra, hijo.
Somos sus guardianes.
Recuérdalo siempre».
Y antes de entrar en Sevilla,
Fernando deja caer un puñado de tierra.
Un gesto humilde,
un recordatorio:
los reyes también se arrodillan
ante la historia.
 
  
Marina Díez Fernández
León, 1985.
Poeta, editora en Crisálida Ediciones y agitadora cultural. Fundadora de Mariposa Ediciones, impulsa libros con voz propia y apuesta por una edición cuidada.
Publicaciones: diez poemarios, entre ellos Lengua de bruja, Tequila y Versos a la deriva, donde mezcla lirismo, raíz rural y mirada feminista.
Compagina la escritura con la coordinación de festivales, talleres y recitales en los que la palabra se celebra en colectivo. 
(XVIII Antología)