soy por encima de rey y gobernador
un hombre de letras, casi un escribano.
Es la escritura una fuente de sosiego,
y quien aprende a lidiar consigo en soledad
se templa, se curte,
se prepara para la agitación del mundo.
No hay hombre sabio que no desee estar solo,
si bien es triste e ingrato
estar en tus propias cavilaciones
día y noche.
La soledad gozosa tiene sus horas,
esas que yo ahora alimento recordando
al que me dio la vida, al rey Fernando III,
al que hizo de su vida un ejemplo.
Rey de Castilla y de León,
hijo de la sabia Berenguela,
que los reinos gobernó en su ausencia,
Fernando, el padre mío,
amplió los límites de sus reinos
y los aseguró, llegando a los límites de Granada.
De la mano del emir de Baeza
ganó la plaza de Sevilla.
Al hijo del emir, Fernando hizo su ahijado;
con él, cristiano nuevo, combatió mano a mano.
Media vida dio Fernando por Castilla
peleando de al-Ándalus cada palmo,
y mandó hacer bajeles para conquistar
a la morisma tierra más allá de la mar.
En Sevilla, lejos de estos páramos fríos,
está enterrado mi padre.
No llegó más lejos su obra porque Dios
pone coto a la vida de todos,
a la vida de los pequeños y a la de los grandes.
No soy yo el buen hombre que mi padre era,
pero me congracio cada día en recordar
al que rozó la perfección humana.
A mi hijo mayor puse su nombre,
pero ninguno de los dos vive ahora,
el tiempo todo lo arrasa,
el tiempo nos cubre de barro.
Durante veinticinco años ha trabajado en el sector editorial.
Los últimos premios literarios que ha ganado son un concurso de microrrelatos en Sevilla; el XIII premio de relato José Toral y Sagrista (Andújar), y el premio de relatos Lenteja de oro de Salamanca.
Publicaciones: un trabajo de investigación titulado Estudio ecológico de la laguna de La Mata (ICA Juan Gil-Albert); en poesía Haiku I.0; en ensayo Adiós a la vida, y varios títulos medioambientales, la mayoría de ellos en ediciones del Ministerio de Medio Ambiente: Senderos en la cuenca del Segura; El corredor verde…
(XVIII Antología)