martes, 27 de octubre de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Al morir, pidió que lo vistieran con sayal / y sobre su pecho pusieran tres libros: / un misal mozárabe con letras de oro, / un Corán traducido por monjes de Ripoll / y los salmos en hebreo que rabí Ezra / iluminó con pájaros de Sefarad…» (Miguel Ángel Sánchez Romero, pág. 204, «Ferdinandus rex: cantar de tres aguas»).


lunes, 26 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: UNA GRANDEZA INADVERTIDA

 



UNA GRANDEZA INADVERTIDA

 
La ignorancia puede hacernos creer que sabemos algo, aun cuando la verdad se nos escape de las manos. Como pensar que entendemos un país, por ejemplo. En ciertos casos la historia y sus ciclos se alejan de la lógica y de la sensatez, porque el pasado es un recuento de hechos contradictorios. A veces el rey que ocupa el párrafo insignificante de un libro escolar, nacido a la vera de un camino, puede ser algo más. Un joven coronado sin que la estadística lo precediera: miembro de una familia disfuncional, acusado de ser amigo de sus enemigos. Acostumbrado a recuperar comarcas, a cabalgar hasta el fin del mundo sin salir de una península. Un rey que tuvo quince hijos. Un monarca medieval, presuroso y olvidado una y otra vez.
 
Hoy pareciera que no hay nada que descubrir porque todo está en una nube binaria. Por eso hablamos de norte y sur, de este y oeste, de colores políticos y enarbolamos y despreciamos banderas. Pero el origen de una nación puede depender de acciones escondidas. Como las de este Fernando que nació cuando eran reinos diversos los de León y Castilla, y la palabra Hispania era solo una antigua mención latina. Es difícil creer que un ser humano hiciera tantas cosas en tan poco tiempo; cabalgó rápido y conquistó lo que no se podía. Que para algunos fuera un azote y para otros un santo.
 
Retumban al leer su vida los afanes y las aventuras de ese tiempo convulso: sus salidas de las comarcas familiares y las peripecias en al-Ándalus. Y esa memoria de novela caballeresca es opacada por los Reyes Católicos, por su hijo Alfonso e incluso por los monarcas visigodos. Y yo sospecho que nadie me advirtió sobre aquel rey desapercibido en un párrafo, que inspiró escudos que nunca vería. Y me siento como un filisteo que al ver pasar a David no se imaginó quién sería.
 
 
Ángel Pérez Martínez
Científico titular en el CSIC, en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología en Madrid.
Es un lector empedernido y de vez en cuando escribe algún relato. Ha ganado algunos reconocimientos por sus textos, y suele mirar por las ventanas de los trenes y los aviones.
(XVIII Antología)
 
 
 
 
 


viernes, 23 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL PENSAMIENTO DE FERNANDO III EL SANTO

 



EL PENSAMIENTO DE FERNANDO III EL SANTO

 
Había de soportar un rey cinco siglos de ocupación musulmana sobre su corona para que se manifestara en mente dorada la reconquista de la península ibérica. Su espíritu indómito había de reconvertir la invasión musulmana en su trono para cobijar los territorios innatos, había de recuperar su juicio nostálgico la cultura ancestral de los cristianos. Donde hubo arquitectura visigoda, había fachadas mozárabes; donde hubo iglesias católicas para la oración, había mezquitas nazaríes con una caligrafía ilegible; donde hubo castillos con la simplicidad propia de la pureza, había palacios con intrincados detalles arabescos; donde hubo tradiciones arraigadas, había ramas que emergían con hábitos musulmanes; donde hubo lengua materna, había balbuceos y algarabías resonando en los ecos del patrimonio histórico. Donde hubo antaño una denominación cristiana en la vida de los iberos, había orígenes afuereños que denominaban la conquista de al-Ándalus.
 
Con el pecho henchido de promesa y la justicia fundida en su espada, había de unir Castilla y León para engrandecer su sombra entre los árabes, un gigante cuyo aliento serían sus tropas alentadas por la gloria. Había de someter al califato de Córdoba cuando viera en el tempestuoso asedio el fulgor de su rostro, reconvirtiendo la mezquita mayor en el esplendor de la catedral como símbolo de victoria ante sus ojos. Había de acorralar al emir de Granada cuando urdiese su estrategia política entre los muros mancillados de ultraje, sería el vasallo que pagará un tributo en cuanto rescatase de su yugo a Jaén. Había de doblegar la dinastía almohade en Sevilla cuando sucumbiese al rey invicto, redoblando su Giralda las campanas al anunciar la víspera de la extinción musulmana entre los venideros reyes y santos católicos.
 
 
Alberto Moraleja de los Santos
Madrid, 1977.
Modelador/animador 3D y escritor por vocación.
Publicaciones: del 2013 al 2016 una novela y dos poemarios autopublicados; en el 2021 publicó algunos textos y relatos como colaborador en CIESART (Cámara Internacional de Escritores y Artistas) y en la revista cultural Prometheus de Tenerife; en el 2025 una novela inédita de ciencia ficción Extrahumanos, pendiente de valoración en diversas editoriales. Actualmente escribe relatos para concursos literarios.
(XVIII Antología)
 
 
 
 


jueves, 22 de octubre de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… En Sevilla no quemó la piedra antigua, / la honró como quien reza con los ojos. / Las mezquitas siguieron respirando, / las sinagogas no cerraron su canto. / Porque entendió, como pocos, / que Dios también habla en otras lenguas…» (Cecilia Rodríguez Bové, pág. 202, «Fernando III: cruz de luz»).


miércoles, 21 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: AL-ÁNDALUS, HISPANIA, SEPHARAD Y ESPAÑA

 



AL-ÁNDALUS, HISPANIA, SEPHARAD Y ESPAÑA

 
En el basamento de mampostería que sirve de soporte a la urna donde reposan sus restos se encuentran colocados cuatro epitafios compuestos en árabe, latín, hebreo y castellano. Respectivamente se dice que conquistó al-Ándalus, Hispania, Sepharad y España. La referencia es la misma, pero varía el sentido de las visiones aunque todas ellas convergen en el rey zamorano. También hay diferencias en la fecha de su muerte que se indica en el epitafio: el año 650, el año 5012, el año 1252 y el año 1290. Y es que en un mismo territorio convivían tres religiones y cuatro calendarios: el musulmán, el judío, la era propiamente cristiana y el calendario hispánico que se manejaba en Castilla recordando la organización romana de Hispania bajo la autoridad de Octavio, que llegaría a ser el futuro emperador Augusto. Si Roma tuvo en el ahijado de César su principal constructor, España tuvo en él al ingeniero que tendió los puentes entre los diversos pueblos hispánicos. Aunque promovió las leyes en castellano, prefería el gallego para la poesía. Fue finalmente declarado santo, pero cuidó a las comunidades musulmanas y judías dentro de su reino cristiano. En una ocasión, los musulmanes asaetaron una bandera con la efigie de la Virgen en el fragor de una batalla y el rey la remendó él mismo. Antes que Isabel y Fernando, que Carlos y Felipe, él fue el sastre de España. Fue proclamado rey a la sombra de un olmo riojano y lo enterraron en Sevilla. Sevillano era un poeta que muchos siglos después cantó en el español más puro a un olmo castellano herido por el rayo, en su mitad podrido, que volvía a brotar hojas nuevas con las lluvias de abril y el sol de mayo. Se llamaba Fernando, el III de su nombre como rey, para la eternidad el Santo.
 
 
Santiago N. G.
(XVIII Antología)


martes, 20 de octubre de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… Callo por no agitar el aire a nuestro alrededor y quebrar el equilibrio frágil de la realidad efímera de su presencia. Cuando sale de la cámara, y esta es cosa que nadie sabe de él, lleva en la escarcela la hoja con lo que de noche tratamos. Al amor que me da, añade esta adehala y bendice a nuestros vástagos, las dos cesadas y los siete vivos. A mí me alaba, conocedora de sus recovecos, por limpiar sus rodillas sucias, acunar su cuerpo lleno de cicatrices y velar costras de su convalecida…» (Luisa Fernanda Rodríguez Lara, pág. 200, «Entrambas Peleas»).



lunes, 19 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: LA AUSENCIA QUE DEJASTE

 



LA AUSENCIA QUE DEJASTE

 
En el relicario de tu cuerpo incorrupto,
Fernando, tus dedos aún sostienen
la espada que nunca envainaste del todo,
como si la muerte fuera otra batalla más.
 
Dicen que hablabas con los almohades
en su propia lengua, que traducías
sus poemas de amor mientras tus ejércitos
sitiaban sus últimas fortalezas.
La historia es una amante contradictoria.
 
Tu madre, Berenguela la Grande,
te enseñó el arte de la guerra
en un tablero de ajedrez castellano:
«Hijo mío, un rey es solo
la suma de sus renuncias».
 
He contado las veces que tu nombre
aparece en el Corán de Toledo:
siete cicatrices de tinta
que los copistas no pudieron borrar.
La conquista también es una forma de amor.
 
En las noches de fiebre en Jaén
—cuenta tu confesor en secretos susurros—
mezclabas tus oraciones
con versos de Ibn Arabí,
como quien teje un tapiz con hilos prohibidos.
Ahora, ocho siglos después,
tu cuerpo sigue jugando
a la eternidad en Sevilla,
mientras los turistas fotografían
la ausencia que dejaste en cada piedra.
 
 
Manuel Alejandro del Rosario Urbin
Natural y residente en Las Palmas de Gran Canaria.
Licenciado en Traducción e Interpretación por la ULPGC, combina su labor como profesor de idiomas con una trayectoria como traductor técnico y literario.
En 2025 ha recibido los premios Mujeres Luna, Marisa Nogués Borrás, Ciudad de Arahal y Carro de Baco de dramaturgia.
Ha traducido obras históricas como Las Islas Canarias aclaradas (2009) y Canarias 700 (2012). Su poesía indaga en la relación entre tecnología, memoria e identidad.
(XVIII Antología)
 
 


viernes, 16 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: ¿LA HISTORIA CANONIZA A LOS SANTOS O LOS SANTOS CANONIZAN LA HISTORIA?

 



¿LA HISTORIA CANONIZA A LOS SANTOS O LOS SANTOS CANONIZAN LA HISTORIA?

 
En mi cuarto sin horas,
desentierro a Fernando de los códices:
su espada fue un rosario de ciudades conquistadas, su capa, un sudario bordado con blasones.
 
¿Era su santidad un alfanje
afilado por ángeles o por cronistas? Comparo sus gestas con los éxtasis de Teresa
—aquella que fundó conventos en las nubes— y con los estigmas de Francisco,
cuyas llagas cantaban salmos al viento.
 
Él juntó reinos como un dios juega con Atlas,
mientras Juana de Arco ardía en una hoguera de patrias, e Ignacio soldaba su alma a los cañones del cielo.
¿Quién mide el peso de lo sagrado: el mármol de una catedral
o el silencio de un mártir en la hoguera?
 
Fernando, ¿eras santo o solo un arquitecto de fronteras bautizadas con sangre?
Tus campanas doblan por moros y cristianos, pero Teresa tejía puentes con su hilo de éxtasis, y Francisco hablaba en dialecto de luciérnagas.
 
En tu escudo, halcones; en sus manos, palomas.
¿Es la santidad un nombre que dan los vencedores o una semilla que germina en la sombra?
 
La noche no responde.
Solo escucho el crujir de los pergaminos, el rumor de espadas fundiéndose en cirios,
y en un rincón del tiempo,
un rey que reza
y una monja que guerrean contra lo imposible.

 
 
Seudónimo: Juan Darias Mesén 
San Ramón, Alajuela (Costa Rica). 
Filósofo, Bachelors of arts in Philosophy, Universidad de Oklahoma.
(XVIII Antología)
 
 
 
 


jueves, 15 de octubre de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Así, a partir del verbo y de la fuerza se concreta en lo real —con su hermoso doble significado— la expansión del territorio dominado por el rey santo, quien mientras acomete la reconquista de las tierras invadidas, se preocupa por engrandecer las ya ganadas y proteger y acrecentar su riqueza material e inmaterial: la catedral de Burgos y la Universidad de Salamanca son testimonio de ello…» (María del Carmen Porras, pág. 198, «Una estirpe, un linaje»).


miércoles, 14 de octubre de 2026

ANTOLOGÍA 2025: HIERRO Y LUZ

 



HIERRO Y LUZ
 
 
¡Oh, el héroe!, cuyo nombre los siglos repiten con unción de salmo y fulgor de epopeya, ceñido en la armadura de los predestinados, alzó su espada no como cetro de tiranos, sino como báculo de una divina misión divina. Era el acero en su diestra un verso del destino, cada filo una línea del gran poema escrito por los hados con sangre y oro.
 
¡Oh, la hoja bruñida por el sol de las batallas, templada en lágrimas y oraciones! No fue solo metal, no fue solo filo que cortó el viento y la carne infiel. Fue el verbo hecho arma, la palabra santa que hiere más allá de la carne. ¿Mas qué es el acero sin la fe que lo anima? ¡Polvo y vanidad!
 
¡Oh, la fe! Hoguera azul en su pecho, antorcha que alumbraba los caminos de la guerra santa, faro en el piélago de la reconquista. Cruz y espada, plegaria y estocada, mística y combate. No blandía el metal solo el guerrero, sino el creyente que ofrendaba su vida en altar de batalla. Cada encuentro, un cántico; cada triunfo, un milagro tallado en el mármol de lo eterno.
 
Guerrero y santo eran uno, como el relámpago y la tormenta, como el vino y la sangre en el misterio sagrado. Su vida, poema escrito con letras de fuego, donde cada verso era un paso hacia la eternidad; cada estrofa, una ciudad reconquistada para el reino de los cielos.
 
¡Bendita la espada guiada por la fe! ¡Bendita la fe defendida con el acero! En esa unión sagrada yace el secreto de los elegidos: aquellos que, entre el polvo de la lucha y el resplandor eterno, forjaron no solo imperios, sino leyendas inmortales.
 
 
Lautaro Castelli
Pergamino, Buenos Aires (Argentina).
Escritor y crítico cultural.
Publica ensayos y reflexiones sobre arte, cine y literatura en https://clasevlog.medium.com.
(XVIII Antología)