LO
QUE ARDE BAJO LA PIEDRA
Dicen que el cuerpo de Fernando III descansa en paz, bajo
una urna de cristal y oro, en un rincón que huele a incienso viejo y a mármol
húmedo. Pero yo no lo vi descansar. Lo vi arder. Arder con ese fuego que no
quema la carne, sino la duda. Ese fuego que deja ceniza en las manos del que
toca lo eterno.
No entré en la catedral buscando historia. Entré huyendo
del ruido. Me senté en una nave lateral, y fue entonces cuando ocurrió: una
ráfaga tibia, un temblor leve en el suelo, como si el mundo exhalara por un
instante. Y lo supe. No era un templo: era el cuerpo vivo de una oración que
aún respira.
Fernando no heredó reinos. Heredó grietas por donde
colarse en los siglos. Una devoción tan callada que nadie la escucha y, sin
embargo, lo sostiene todo. No fundó ciudades; fundó la idea de que gobernar
puede ser una forma de entrega. Que no hay victoria sin renuncia, ni reino sin
alma.
Cuando salí, las campanas no sonaban, pero dentro de mí
algo se ordenó. Como si alguien, tal vez él, me hubiese dicho sin palabras: «Heredarás
la herida, no el cetro». Y comprendí que hay santos que no predican, solo
miran. Y esa mirada basta.
Alexis López Vidal
Torrevieja (Alicante), 1979.
Premios: de narrativa Encarna
León, Ciudad de Mula-Francisco Ros y Madrid Sky, y en poesía Calixto Hornero,
Fernando Calvo y Luis Chamizo.
Publicaciones: el libro de
relatos Bar
Matrioshka y otras historias y los poemarios Escarnio público.
Tetralogía de amores usados, El filo mellado, Catálogo de bestias
marinas y Tokio 346. Es coautor de la novela El lado opaco del
espejo.
(XVIII Antología)