«… “Querido Antonio: Eres una oración
subordinada a tu trabajo. No soporto más que tú seas el sujeto elíptico y yo la
voz pasiva de nuestra relación. Muero por gozar entre tus párrafos de una
conjunción copulativa, verbo con verbo. Nada me haría más adjetiva. Es hora de
que te fijes en mis atributos. Mi aguante no es infinitivo: necesitamos
conjugar. Te lo advierto, Elio Antonio, si no diptongamos pronto, en la
concordancia de género y número de nuestro matrimonio va a entrar una tercera
persona masculino singular”…» (pág. 54, Elena B. R., «Inmediata y
gramaticalmente»).
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