miércoles, 14 de enero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: REX FERNANDUS MONTESINUS

 



REX FERNANDUS MONTESINUS

 
A mitad de camino, entre Helmántica culta
y Zamora enrocada en su concha de piedra,
una torre dorada, al lado del asfalto,
nos recuerda que ahí cerca estaba Bellafonte,
donde nació Fernando, el rey que unió Castilla,
vigorosa y pujante, con León y su historia.
 
Cuando asaltó a la reina la premura del parto,
Alfonso y Berenguela caminaban sus reinos
y hallaron un asilo, casi un humilde establo,
en aquellos desiertos de jaras y alcornoques.
 
Dicen que Martín Cid, primero en soledad,
después con cuatro monjes que Claraval mandara,
guiaba peregrinos y les daba cobijo.
 
Después la providencia (o el azar o los astros)
hicieron de aquel niño caudillo poderoso
y bíblica semilla de futuros imperios.
Bellafonte fue, en pago, verde Valparaíso
y, al fin, piedras dispersas del ciclón de los siglos.
 
Quizá lo único cierto son caminos y pasos
que desbrozan misterios y diluyen fronteras:
Viriato libertario, los nostálgicos godos,
los miliarios romanos en sólidas calzadas,
salvajes despoblados, las razias agarenas,
inquietos estudiantes, curiosos arribistas,
el trajín de este siglo mendaz e iconoclasta
y flechas amarillas que apuntan a Santiago.
 
A mitad de la ruta, entre ayer y mañana,
como en una partida de ajedrez infinita,
se levantó la torre, como un juguete casi.
El rey Fernando guarda la clave de la puerta
con la espada en el hombro como un rey de baraja.
Lo acompañan laureles de estirpe cuartelera
y taus que nos remiten a bosques de misterio.
Alrededor la verja, esquemática y negra,
remeda una inconclusa coronación de espinas.
Los caminos se pierden en todos los sentidos
cuando avanza el imperio de alcornoques y jaras.

 
J. A. Gago
(XVIII Antología)
 
 
 
 


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