ENTRADA
EN SEVILLA
El peso del sol aún dormía en la piedra. A lo lejos, donde
las murallas se fundían con el cielo, los últimos jirones de humo dibujaban en
el aire una caligrafía de derrota. Habíamos entrado sin resistencia, con la
paciencia de quien deshoja, pétalo a pétalo, la flor de un reino ajeno. Sevilla
—la dorada, la perezosa, la antigua— yacía extendida ante mí como un animal
herido, con sus torres aún en pie y sus calles impregnadas de una nostalgia
ardiente.
Desmonté con la lentitud de quien entiende que la historia
no necesita prisa. La arena crujió bajo mis botas. A mi derecha, una fuente
lanzaba al aire su última letanía, una cinta de agua deslizando la lengua de
los vencidos sobre el mármol polvoriento. No sé por qué, pero me vino a la
mente un recuerdo de infancia: la sensación húmeda de la lluvia sobre los
aleros de Burgos, el aroma a lana empapada, las botas pesadas chapoteando en el
barro. ¿Había pensado entonces, niño aún, en la idea de poseer un reino?
Un anciano me observaba desde la penumbra de un arco. Su
túnica, limpia y sencilla, se movía apenas con la brisa. En su rostro se
dibujaba una ecuación que ya había visto antes: miedo y orgullo en una
proporción exacta. No parecía temerme como se teme a la espada de un soldado,
sino como se teme a la corriente de un río que todo lo arrastra.
—Señor —su voz era una piedra arrojada a un pozo—, ¿qué
haréis con Sevilla?
Miré a mi alrededor, dejando que mis ojos resbalaran sobre
las columnas esbeltas, los azulejos cubiertos de polvo, los jardines sumidos en
una melancolía vegetal. Mi respuesta llegó con el tono de quien se contesta a
sí mismo más que al otro.
—Nada —murmuré—, salvo dejar que siga siendo hermosa.
En algún lugar, oculto entre la maraña de arcos y sombras,
un ruiseñor cantó.
Raúl Ordás Fernández
Licenciado en Historia del
Arte.
Escritor y artista.
Ha publicado más de una
docena de novelas y ensayos. Su obra literaria se complementa con una
destacada trayectoria en artes plásticas. Ha expuesto en museos de
Castilla y León y Castilla-La Mancha, y sus obras forman parte de colecciones públicas
y privadas en España y Europa.
(XVIII Antología)
No hay comentarios:
Publicar un comentario