«…
Yo procuré, Señor, devolverte las invadidas tierras, y que volteen las campanas
en tu alabanza desde los que minaretes fueron. A ello, al temor de mis pecados
y a la formación de mis hijos, he dedicado mi vida…» (Gloria Fernández Sánchez,
pág. 28, «La cruz y la espada»).
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