lunes, 2 de febrero de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL SANTO EN LA SOMBRA

 



LA VIGILIA DE LOS MUROS

 
Y luego, apareció mi madre, Berenguela, con su rostro de vela consumida, y me tendió un cáliz lleno de lágrimas. «Bebe, hijo mío. Esto es lo que cuesta el reino de los justos. Esto es lo que vale la salvación de los pueblos».
 
Lo bebí. Era sal. Era hierro. Era ceniza. Y entonces soñé. O quizá no soñé. La mezquita se abría ante mí como una catedral invertida, sus columnas como costillas de una ballena negra. Caminaba descalzo sobre alfombras de oraciones antiguas. Y al llegar al mihrab, una voz me dijo: «Aquí no hay enemigos. Solo hombres arrodillados ante distintos silencios».
 
Desperté con el alba clavada en los párpados. Mi espada estaba cubierta de escarcha. Mis rodillas, hundidas en tierra de batalla. Y supe que no conquistaría la ciudad con la violencia de los hombres, sino con el peso de un designio más alto.
 
Cuando entré en Córdoba, no hubo sangre. Solo campanas. Pero aún hoy, cuando cierro los ojos en las noches de ayuno, siento que la ciudad me observa no como a un rey santo, sino como a un ladrón de templos.
 
 
José Alberto R. C.
(XVIII Antología)
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario