POSTRIMERÍAS:
INFIERNO Y GLORIA
El día
en que el rey Fernando dio su espíritu fue también el último para mí. Le siguió
una noche de letanías y tañidos velando sus armas, su cuerpo yacente, y
recordando el juramento dado a él, al rey, a mi padre. En cambio, cuando mi
madre murió, no pude despedirme de ella.
Aconteció
mientras conquistábamos Córdoba. Yo era apenas un niño. Él sabía que yo no
sería el mejor heredero, pues mi naturaleza se inclinaba más hacia la poesía y
la música, pero quiso templarme como tal llevándome consigo a los consejos y a
las contiendas. Bastante me habían ablandado ya en la Galicia, húmeda y
levantisca tierra a la que me llevaron a criar, sabe Dios por qué.
Rendimos
la vieja capital de los Omeya. Su emir se inclinó ante mi padre entregándole
las llaves y, en la mezquita, aparecieron las deshonradas campanas de la
catedral de Santiago, arrebatadas siglos ha. Mi padre, el rey, ordenó su
inmediata restitución y que, además, debía ser el infante de Castilla en
persona quien guiase la columna de presos que las arrastrarían. Era absurdo. Yo
quería continuar en la guerra para ser digno de él o bien volver a casa para
llorar a mi madre. Sí, las nieblas del norte quizá habían reblandecido mi
ánimo. Ese día obedecí, pero renegué de él y lo maldije. Sin embargo, cuando
las campanas volvieron a repicar en la tumba del apóstol, Galicia entera se
amistó con nosotros para siempre.
El arzobispo tomó la corona y pronunció la fórmula, pero en
mi mente solo estaban las palabras que él me hizo jurar: «Si supieras guardar
esta tierra, serías tan buen rey como yo. Y, si ganases más, mejor que yo».
Dije amén tres veces: una a Dios, otra a mi padre y otra a mí mismo. Él me
sigue hablando. «Los reinos se ganan por la espada, mas solo la pluma los puede
hacer perdurar». Amén, padre.
Adeus,
meu pai.
Roberto M. Ballarín
Físico y poeta.
Trabaja en investigación aplicada.
Autor del poemario Los pájaros del verano; su obra narrativa explora las preguntas sin respuesta, la metafísica y los misterios de la existencia con influencias del realismo fantástico, la literatura de lo insólito y los universos de Kafka, Borges y Ana María Matute; su obra científica, por su parte, intenta abordar la intrafísica, las aplicaciones prácticas de neutrones y otras partículas subatómicas y, en general, todo tipo de respuestas sin pregunta, aparentemente, con aún menor éxito.
(XVIII Antología)
Físico y poeta.
Trabaja en investigación aplicada.
Autor del poemario Los pájaros del verano; su obra narrativa explora las preguntas sin respuesta, la metafísica y los misterios de la existencia con influencias del realismo fantástico, la literatura de lo insólito y los universos de Kafka, Borges y Ana María Matute; su obra científica, por su parte, intenta abordar la intrafísica, las aplicaciones prácticas de neutrones y otras partículas subatómicas y, en general, todo tipo de respuestas sin pregunta, aparentemente, con aún menor éxito.
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