«… Conocí
al hijo antes que al padre. Pero ese hijo sabio y astrólogo me habló del hombre
que, desde 1224, convirtió su existencia en un constante batallar. Fue rey sin
pretenderlo, pues en su mano no estaba la ley de la herencia y porque la vida,
a veces, es un gesto, un detalle, una ocasión…» (J. G. M., pág. 54,
«Conversaciones»).
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