«… Dicen “rey” bajo el
viejo olmo y los gallardetes se alzan. Hablan de mí. Me celebran. Mi madre, con
un gesto apenas visible, me pide levantar la cabeza. Es casi una desconocida,
pero daría la vida por ella. Por defenderla le doy la espalda a mi padre, al
que también quiero. Por ella renuncio a una vida libre…» (Esther Martínez
Membrives, pág. 58, «Bajo el olmo»).
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