«En un
recinto etéreo, hálleme yo, rey y alquimista, frente a un mapa que más era
espejo de mi alma. Sobre la mesa, Castilla, León y Andalucía, tres tierras que
el destino dispuso juntas, pero nunca fraternas…» (Víctor David Manzo Ozeda,
pág. 66, «El sueño de la alquimia soberana»).
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