«¿Por
qué llamarlo reconquista si es la primera vez que cruzo este arco de herradura?
Me entregan las llaves de la ciudad, como el árbol que en su ocaso deja caer
sus últimas hojas antes del inverno. Aquellos a quienes consideramos infieles,
adoradores de un dios distinto, aquí son simplemente los habitantes de una
ciudad que llaman Ishbiliya. Sevillanos, al fin y al cabo. Y si entre estos
muros ya no queda rastro de cristiandad, ¿qué estoy reconquistando? ¿Acaso la
tierra tiene la capacidad de adorar a Dios por sí misma, y yo vengo a liberarla
de pisadas extranjeras? ¿O, quizá, el extranjero soy yo?...» (Jorge Sánchez del
Pino, pág. 130, «Tierra santa»).
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