«… La catedral ha abierto
sus puertas para recibir a un hombre humilde y bueno que deja a una futura
España en el camino propicio para que vuelva a ser cristiana por la gracia de
Dios. Ya hay un santo más en el firmamento, caballero y siervo de María, ya hay
un santo más en los altares de las iglesias. Así lo refrenda el santo padre
Clemente por los siglos de los siglos…» (Antonio B. R., pág. 180, «La catedral
de Fernando»).
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