«… La
soledad gozosa tiene sus horas, / esas que yo ahora alimento recordando / al
que me dio la vida, al rey Fernando III, / al que hizo de su vida un ejemplo. /
Rey de Castilla y de León, / hijo de la sabia Berenguela, / que los reinos
gobernó en su ausencia, / Fernando, el padre mío, / amplió los límites de sus
reinos / y los aseguró, llegando a los límites de Granada…» (Joaquín Iborra
Mateo, pág. 192, «Yo, Alfonso, hijo de Fernando»).

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