martes, 24 de agosto de 2010

ELLA

Alejandra Pereira Santos, de Algete, Madrid



Me despierto con la soledad de siempre.

Llamo un poco la atención, sin resultados. Contemplo el mundo inmenso que me rodea.

Una lágrima brota de mis ojos legañosos y se desata el llanto.

La echo de menos. Su pelo rizado y su risa cantarina.

De pronto aparece ante mí. Parece un ángel vestida con ese camisón blanco. Me entra hambre sólo con ver sus perfectos senos.

Ella me sonríe. Yo dejo de llorar.

Se inclina con suavidad sobre mí y me abraza. Me acuna suavemente y me dice que todo pasó, que está ahí conmigo.

Me acaricia bajo el cuello, donde más me gusta. Capto su aroma. Me encanta.

Con una ternura ciega, me besa rápidamente. Nos reímos. Estoy feliz.

Inspiro, con seguridad, y me atrevo a decirle lo que llevo ensayando desde hace tiempo. De mis pequeños labios balbucientes se escapa mi primera palabra: “mamá”

No hay comentarios:

Publicar un comentario