MOJITO
Todo iba perfecto y por una propina, si querías, te untaban la espalda con protector solar, los zapatos con betún o la calva con crecepelos… según el gusto de cada uno.
De repente apareció una patera oscilante acercándose, varios hombres y mujeres bajaron exhaustos y cayeron desmayados.
Son tiempos de heroísmo y también de miseria humana.
De inmediato varias personas dejaron la comodidad de sus tumbonas y fueron a prestarles ayuda sin pensar en el Dios o en la patria de cada uno de ellos.
En el restaurante playero un tipo presumía de sus coches y de sus lucrativas inversiones argumentando enfadado:
—No hay derecho; esta gente te quita las ganas de disfrutar, con lo bien que se está aquí, con estas magníficas vistas —dijo refiriéndose a su mojito recién preparado, al sol, a la playa…—. Vienen a robarnos nuestra tierra y a contaminarnos con sus enfermedades.
—Estás equivocado —dijo—. Esos que ves ahí caídos no son marionetas, sino personas reales que sienten y padecen; hay que tener muy poca sensibilidad para no sentir compasión por ellos. Nosotros mismos y toda nuestra realidad no es sino fruto del mestizaje. Ojalá no sean nuestros propios hijos los que algún día deban navegar mares tempestuosos para poder sobrevivir, entonces quizá algunos vean las cosas de otra manera.
PORCUNA (Jaén)
Economista y escritor
(XIV Antología)
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