«… Quién
fuera a decirte, abuelo, que enterrado estás en Buenos Aires, que en unos años
más mis restos, acaso, descansarán aquí, donde tú naciste. Pero mientras no
venga la Parca a buscarme, seguiré deambulando por la calle Compañía; escucharé
conciertos en el patio de la Pontificia; oiré a los declamadores de cuentos
bajo los soportales de la Casa de las Conchas; releeré el Lazarillo junto al
molino de Tejares, donde llegara al mundo el muy pícaro. Vagaré entre los
olores y sabores del preciado jamón que deleita al transeúnte en la plazuela
del Corrillo…» (pág. 36, Carlos Andrés F. C., «Retornas en mí»).

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