«… Las
voces de alarma lo arrancan de su postración. Unos jinetes se acercan desde el
cercano castillo de Guadalerzas, desmontan agitados, traen noticias. Fernando
rasga el sello de la reina Berenguela y lee las palabras de su madre. El Señor
arrebata. El Señor otorga. Si le ha privado de la victoria que le habría
abierto las puertas de al-Ándalus, a cambio le ofrece un nuevo reino. Su padre,
el rey de León, ha muerto…» (Roberto Sánchez, pág. 72, «Un nuevo reino»).
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