jueves, 9 de abril de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… Cuando el rey castellano penetró en los aposentos privados del alcázar encontró al emir postrado ante sus pies. Aquel le tendió entonces la mano para que se incorporara y, al hacerlo, al-Bayyasi mostró sus ojos anegados en lágrimas. Cuando don Fernando le preguntó a qué era debida su congoja, el emir almohade le dijo que su hijo primogénito había enloquecido durante la noche a causa de un mal sueño y le aseguraba que tan solo el más grande y noble de los reyes cristianos podía curar su locura…» (Antonio Burgos Peñasco, pág. 70, «El hijo moro»).

 


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