jueves, 2 de julio de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 



«… Sintió una punzada en el pecho: no era el peso de la corona, sino el de la historia. Había vencido, sí, pero no odiaba al vencido. Con los ojos cerrados pensó en su madre, doña Berenguela, que le enseñó a gobernar con firmeza sin renunciar al alma. Pensó también en el dios que compartía con los suyos… y en el otro, que ahora callaba en las mezquitas. Cuando bajó de la torre, mandó que no se derribara el alminar, que lo transformaran en campanario. No por capricho, sino por respeto…» (Javier Batallé Sáiz, pág. 120, «El corazón y la espada»).


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