«La
primavera toca a su fin en la antigua capital almohade y el calor se extiende
por el valle del gran río. El silencio y el dolor se adueñan del alcázar. Solo
se oyen rezos y oraciones que piden por el rey para que logre vencer a la
hidropesía. En los exuberantes patios, encaramados en las ramas de los
naranjos, los pájaros cantan indiferentes al dolor del reino…» (José Cuenca
Gómez, pág. 148, «Quince años más»).
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