«… Las
victorias pasadas desfilaban en su memoria: Córdoba, Jaén, Sevilla. Ciudades
que ahora florecían bajo un reinado de leyes y tolerancia. Pero Fernando no se
consideraba un héroe. Para él, cada triunfo era un recordatorio de su deber de
proteger a su pueblo, de unir a los hijos de al-Ándalus y Castilla bajo un
mismo cielo…» (Cliffor Jerry Herrera Castrillo, pág. 154, «La oración del
guerrero»).
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