martes, 31 de marzo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«En un recinto etéreo, hálleme yo, rey y alquimista, frente a un mapa que más era espejo de mi alma. Sobre la mesa, Castilla, León y Andalucía, tres tierras que el destino dispuso juntas, pero nunca fraternas…» (Víctor David Manzo Ozeda, pág. 66, «El sueño de la alquimia soberana»).



lunes, 30 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: REGRESO A SANTIAGO

 



REGRESO A SANTIAGO
 
 
Se terminan ya mis penas.
Yo no olvido aquellas glorias
que mi voz cantaba al alba.
Al Señor mis voces orlan,
mis hermanas me acompañan
en un réquiem o una boda,
en Santiago del apóstol.
Mi dolor no hay quien lo oiga. 
Ha ya más de dos centurias, 
el pesar descorazona,
nos quedamos todas mudas.
Descolgadas de las sombras
tan felices de la torre,
la grande furia almanzora
prisioneras nos llevó.
Y al ruido de la atambora,
a lomos de cien cristianos
cautivos en una soga,
atados de pies y manos,
nos llevaron a Córdoba,
la ciudad del gran califa,
no la de Nuestra Señora.
Y así nos han colocado
de lámpara de la aurora
del zaguán en la mezquita,
pues en la noche está sola.
¡Mi boca llena de aceite!
¡Mi bronce que se desdora!
Que no soy para luz dar,
sino belleza sonora.
Mas me apercibo sin duda
que mi mal y de las otras
un gran señor ha acabado.
Ya no sufrimos más solas,
nuestra lumbre han apagado
y voy en espaldas corvas,
a hombros de siete moros.
Un vaivén se me acomoda
que me trae recuerdo vivo
de aquel que bailara otrora.
Y me lleva no cautiva,
sino libre como alora,
de vuelta a mi catedral.
Por Fernando su derrota.
¡Por el gran rey castellano!
Por la gracia de sus obras,
por sus mesnadas valientes
es de Castilla ya toda
la joya de los muslimes
y a Nuestra Señora loa.
Por su gran atrevimiento,
justicia no vengadora,
pues sus padres nos llevaron
en camino tras Zamora,
nos cargan hoy en sus lomos
estos hijos de Mahoma.
El camino es polvoriento,
la sed al hombre sofoca.
Lástima tengo de ellos
aunque no sean de Roma.
¡La espada del rey Fernando,
heredera de Tizona,
a casa de mis ancestros
me vuelve hoy en buen hora!
Al Señor que antes cantaban,
mis hermanas hoy invocan
para que volando al cielo
las cigüeñas, las alondras
acompañen nuestro vuelo
al monarca dando gloria
que nos liberó del fuego,
que nos liberó a nosotras.
 
 
Natalia Rizo
Madrileña.
Licenciada en Derecho. Su afición por las letras la llevó a graduarse recientemente en Lengua y Literatura Españolas.
Ha realizado, aunque no de forma comercial, traducciones y correcciones de diversas obras para amigos. Últimamente ha decidido dar el salto a la creación artística, ha escrito varios relatos cortos y se está atreviendo con la novela. Este romance presentado al Premio Orola 2025 es su primera publicación.
(XVIII Antología)
 
 


viernes, 27 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: ESPAÑA HA VUELTO

 

ESPAÑA HA VUELTO
 
 
El rey Fernando ha ordenado que desalojen la mezquita de Córdoba; precisa de un momento a solas para poder meditar en silencio y encuentra que, bajo la arboleda de los arcos del templo, podrá hallar el sosiego buscado. Otro monarca se mostraría ufano de sus triunfos y buscaría el agrado y veneración de los suyos, pero él solo quiere detenerse a evaluar la enormidad de la tarea inconclusa. Aunque ciñe las coronas de Castilla y de León, en el alma se sabe rey de una España aún desmadejada.
 
Fernando ha combatido al enemigo, pero lo respeta. Al pasear entre las mil trescientas columnas de la mezquita, oratorio que ha ordenado que preserven, reconoce la grandeza de los Omeya. El espíritu de al-Ándalus subsistirá en sus monumentos, en la obra de sus sabios, en las iglesias mudéjares y en la miríada de palabras orientales que, como polizonas, se han colado en la nave romance del castellano. Pero España será cristiana o no será.
 
La invasión almohade ha sido una amenaza para la cristiandad y, en el peligro, España tomó conciencia de su ser y, así, en la batalla de las Navas de Tolosa, reunió las fuerzas para salvarse.  «Una casa dividida contra sí misma cae», murmura Fernando, sabedor de que la división solo le ha traído desdichas a España y de que la unión es el sendero que conduce a la victoria. Castilla será la vanguardia de España y adquirirá una transcendencia universal al regalar su esencia y su lengua a otros pueblos, pues el destino no se alcanza solo con las armas. La sabiduría atesorada en la Universidad de Salamanca, institución que el rey impulsa, y el embeleso gótico inaugurado en Burgos contribuirán, con su esplendor, a la empresa.
 
Más allá de Córdoba, Sevilla, cátedra de san Isidoro, aguarda en la mente y el corazón de Fernando III su cita con la historia.
 
 
Héctor Daniel Olivera Campos
Premios: ganador de catorce certámenes literarios; segundo puesto en el Premio Orola de Vivencias 2022 y tercero en el mismo concurso en 2023.
Publicaciones: La última sonrisa del dinosaurio. 101 relatos de humor y Lo escrito permanece (Ediciones Letraheridas).
(XVIII Antología)
 
 
 
 
 
 

jueves, 26 de marzo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… La muchedumbre atestó el recinto sagrado y de improviso el silencio dominó la atmósfera. Expectantes se asomaban las cabezas, y el murmullo de los niños excitaba la impaciencia. De pronto la voz rugiente de un miembro de las órdenes anunció: “¡El pueblo de Burgos recibe a su majestad Fernando, rey soberano de Castilla y de Toledo!”…» (José Lecaros de Nevares, pág. 64, «21 de marzo»).


miércoles, 25 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: LA AURORA SOBRE CÓRDOBA

 



LA AURORA SOBRE CÓRDOBA
 
 
El viento arrastra polvo dorado sobre las piedras resquebrajadas. Desde lo alto de las murallas, la ciudad, antigua y altiva, vibra como un tambor de guerra silencioso. Fernando, firme en su montura, contempla el umbral de Córdoba, no como quien arrebata, sino como quien reclama lo que el tiempo había extraviado.
 
A su alrededor, hombres de mirada serena contienen el clamor de la victoria. Aquí no hubo derrumbe, sino coraje. Fue la audacia de unos pocos, la espada sabia, el paso decidido lo que abrió el sendero de regreso.
 
Entra despacio bajo los arcos ancestrales. No siente la gloria hueca de los conquistadores, sino la solemne alegría de quien restituye un latido antiguo. La mezquita, inmensa, le recibe como una promesa: columnas de luz filtrándose entre sombras que ya no gobiernan. Córdoba vuelve a ser de los suyos. No como herida, sino como aurora. Bajo su aliento despiertan las campanas de Santiago, antaño humilladas y arrancadas, para emprender el camino de regreso. Elevadas sobre los hombros de la historia, su bronce canta ahora la restitución de una dignidad nunca olvidada.
 
Fernando inclina la cabeza en señal de gratitud. No reza por la caída de otros, sino por la continuidad de un sueño mayor.
 
El sol, alzándose, tiñe las torres de oro. La ciudad, renovada en su corazón, recupera su auténtico destino.
 
 
Carlos Molinero Ruiz
(XVIII Antología)
 

martes, 24 de marzo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«… Es su afán levantar agujas que buscan el cielo, atraer brazos que labren los huertos, soldar coronas con mano firme, dirimir pleitos con equidad bajo el amparo del fuero. Un designio constante: la obsesión por “facer Hispania”, por dar cuerpo y espíritu a esa idea ancestral que resucita de entre los siglos…» (Jorge J. Codina, pág. 62, «Miles Christi»).


lunes, 23 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: EL PERDÓN DEL ENEMIGO



EL PERDÓN DEL ENEMIGO
 
 
Tras la toma de Córdoba en 1236, uno de sus nobles —envalentonado por el fervor de la victoria— capturó a un alfaquí musulmán acusado de haber colaborado con la defensa de la ciudad. Lo presentó ante su rey, Fernando III, con la intención de ejecutarlo públicamente. El sabio, de mirada firme, pero sin arrogancia, no suplicó. Solo pidió ser juzgado conforme a la ley.
 
El rey lo miró en silencio. Luego pidió que le trajeran el código legal de las Siete Partidas, que aún estaba en elaboración bajo el impulso de su hijo Alfonso. Consultó también los fueros antiguos y el testimonio de testigos cristianos y musulmanes. Los presentes guardaron silencio. Nadie se atrevía a interrumpir al rey mientras repasaba las leyes aún no sancionadas, pero que ya guiaban su conciencia. Fernando meditó con la mirada fija en el pergamino y el alma atenta a algo más alto que la política. Finalmente, alzó la vista y declaró:
—No será la sangre quien me haga justo, sino la verdad —y añadió con voz serena—:
Este hombre defendió su ciudad como tú defenderías la tuya. No es traidor, es leal a su mundo. Y la lealtad, aunque no sea a mi causa, no puede ser delito.
 
Ordenó su liberación inmediata, y lo escoltaron hasta la puerta con dignidad. El alfaquí, al cruzar el umbral, se volvió y dijo:
—Hoy vi reinar la justicia.
El noble protestó indignado.
—¡Es enemigo del reino, mi señor!
Fernando respondió:
—Ya no. Hoy ha sido juzgado y hoy es libre. Si no protegemos al vencido, no merecimos la victoria.
 
Aquella decisión no llenó plazas ni buscó vítores, pero se susurró en sinagogas, madrasas y templos. No fue popular, fue eterna. No fue aclamada, fue sagrada. Y el cielo, en silencio, la escribió entre sus prodigios. Y en ese instante, sin relámpagos ni milagros, la justicia se volvió oración.
 
 
Lourdes Girón Anguiozar
Doctora en Arqueología (UCA), especialista en cerámica romana, arqueología clásica y estudios de género. Ha participado en excavaciones en Pompeya, Italia, Sicilia y la bahía de Cádiz, y ha dirigido proyectos internacionales en Italia. También ha coordinado cursos de arqueología subacuática y ha centrado parte de su investigación en el papel de las mujeres en la arqueología.
Publicaciones: La villa de las diosas (2022), una novela con enfoque histórico y feminista.
(XVIII Antología)
 
 
 

viernes, 20 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: POSTRIMERÍAS: INFIERNO Y GLORIA

 



POSTRIMERÍAS: INFIERNO Y GLORIA
 
 
El día en que el rey Fernando dio su espíritu fue también el último para mí. Le siguió una noche de letanías y tañidos velando sus armas, su cuerpo yacente, y recordando el juramento dado a él, al rey, a mi padre. En cambio, cuando mi madre murió, no pude despedirme de ella.
 
Aconteció mientras conquistábamos Córdoba. Yo era apenas un niño. Él sabía que yo no sería el mejor heredero, pues mi naturaleza se inclinaba más hacia la poesía y la música, pero quiso templarme como tal llevándome consigo a los consejos y a las contiendas. Bastante me habían ablandado ya en la Galicia, húmeda y levantisca tierra a la que me llevaron a criar, sabe Dios por qué.
 
Rendimos la vieja capital de los Omeya. Su emir se inclinó ante mi padre entregándole las llaves y, en la mezquita, aparecieron las deshonradas campanas de la catedral de Santiago, arrebatadas siglos ha. Mi padre, el rey, ordenó su inmediata restitución y que, además, debía ser el infante de Castilla en persona quien guiase la columna de presos que las arrastrarían. Era absurdo. Yo quería continuar en la guerra para ser digno de él o bien volver a casa para llorar a mi madre. Sí, las nieblas del norte quizá habían reblandecido mi ánimo. Ese día obedecí, pero renegué de él y lo maldije. Sin embargo, cuando las campanas volvieron a repicar en la tumba del apóstol, Galicia entera se amistó con nosotros para siempre.
 
El arzobispo tomó la corona y pronunció la fórmula, pero en mi mente solo estaban las palabras que él me hizo jurar: «Si supieras guardar esta tierra, serías tan buen rey como yo. Y, si ganases más, mejor que yo». Dije amén tres veces: una a Dios, otra a mi padre y otra a mí mismo. Él me sigue hablando. «Los reinos se ganan por la espada, mas solo la pluma los puede hacer perdurar». Amén, padre.
Adeus, meu pai.
 
 
Roberto M. Ballarín
Físico y poeta.
Trabaja en investigación aplicada.
Autor del poemario Los pájaros del verano; su obra narrativa explora las preguntas sin respuesta, la metafísica y los misterios de la existencia con influencias del realismo fantástico, la literatura de lo insólito y los universos de Kafka, Borges y Ana María Matute; su obra científica, por su parte, intenta abordar la intrafísica, las aplicaciones prácticas de neutrones y otras partículas subatómicas y, en general, todo tipo de respuestas sin pregunta, aparentemente, con aún menor éxito.
(XVIII Antología)
 
 
 

jueves, 19 de marzo de 2026

ASÍ ESCRIBEN NUESTROS AUTORES

 




«¿Será demasiado joven? ¿Ha llegado realmente su momento? La corona, tan pesada en mis manos, parece temblar, como si también temiera lo que se avecina. ¿Le estaré entregando un reino o una carga? Mi corazón late con fuerza, y una sombra de duda me embarga. No quiero que mi querido hijo, Fernando, se vea sobrepasado por lo que está por venir…» (Paula Hernández Burguete, pág. 60, «Berenguela»).


miércoles, 18 de marzo de 2026

ANTOLOGÍA 2025: LAS LLAVES DE CÓRDOBA

 


LAS LLAVES DE CÓRDOBA
 
 
Las llaves de Córdoba cuelgan del aire en un gesto suspendido, como el último suspiro de un mundo que se disuelve. En la quietud de la mezquita, donde el eco de siglos se entrelaza con las sombras de lo sagrado, veo a Fernando III el Santo, su aureola de luz atrapando la gloria de un instante. Las llaves, frías y metálicas, como la mano que las sostiene, se entregan sin resistencia. ¿Quién las da y quién las recibe? No solo un monarca, sino la historia misma que se arrodilla ante un poder que viene de lo divino. El musulmán, con la mirada baja, ya no lucha; su rendición es un susurro, un acto de sumisión al destino escrito en las estrellas y en la espada.
 
Y yo, que camino bajo estos cielos que él conquistó, siento el peso de esos gestos antiguos. No puedo evitar preguntarme si hay algo más que la guerra en estas llaves. Tal vez, en su traspaso, no solo se abre la ciudad, sino también un abismo de contradicciones: la fe que divide, la guerra que santifica, el pasado que no se olvida. ¿Cuántas veces, al cruzar el umbral de estas puertas, he sentido su presencia, silenciosa y eterna, como el viento que mueve las hojas de los olivos en los patios callados de esta tierra?
 
Las llaves, ahora quietas en la pintura, ya no tienen dueño. Y, sin embargo, me entregan algo más profundo que el hierro de su forja. Son las llaves de todos los que vivimos aquí, de todos los que hemos sido y seremos, porque en este gesto de conquista, quizá, hay algo de la humanidad misma: la necesidad de abrir o cerrar, de ganar o perder, de entregarse o resistir.
 
 
Manuel Bermúdez Vázquez
Lucena (Córdoba), 1978.
Doctor en Filosofía y profesor titular de Filosofía de la Universidad de Córdoba donde trabaja desde el año 2008.
Licenciado en Humanidades (UCO) y en Filosofía (UNED).
Premio extraordinario de licenciatura en el año 2000; premio extraordinario de doctorado en el año 2005; premio Leocadio Martín Mingorance en el año 2007 y premio de la Cátedra Intercultural de la UCO en 2023.
(XVIII Antología)