Las personas
tendemos a singularizar.
Cuando esto
sucede en forma original se produce el genio, el artista.
Hay, sin
embargo, una acción de conjunto que supera,
casi siempre,
la actuación individual.
Hemos de ser
semilla y escondernos en la tierra para, luego, crecer y dar fruto.
El ser
humano muere, el conjunto no.
Si la
semilla ha germinado y enraizado fuertemente, la planta no morirá.
La unidad de
conjunto es uno de los efectos más maravillosos
que pueden
darse en la colectividad.
Todos
participamos del conjunto en la más perfecta comunión
de
aportaciones personales y reales.
Cuando veo
esta unidad de conjunto,
cuando
observo esa comunión de intereses y de sentimientos,
creo en la
generosidad y en la sinceridad de la humanidad.
Se habla
mal, se piensa mal, se juzga mal.
Y, de
repente, vemos que hay un conjunto de personas de buena voluntad
que nos
demuestran lo contrario.
El conjunto
es fruto de un esfuerzo común.
No hay
conjunto sin la valiosa participación de todos.
Lo más
importante del conjunto es el conocerse, el respetarse, el complementarse.
Cuando el
conjunto es armonioso y cada uno ocupa el lugar que le corresponde,
el resultado
es sonoro, brillante, afinado.
Dentro del
conjunto existe una dinámica propia,
en virtud de
la cual se produce una selección constante de elementos,
lo que
consiente el fenómeno revitalizador de la renovación.
Crear un
conjunto, participar en él y tener una misión noble que cumplir
es una de
las tareas que más nos enaltecen.
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